¿ LA SOLUCIÓN ? SÓLO EN NOSOTROS.
La elementalidad de las causas y
razones de todos los hechos que conforman ante el mundo el históricamente
lamentable espectáculo de la vida sociopolítica nacional de España, mucho más
elemental y lamentable aún en la resultante España actual, particularmente
resultante desde la llamada transición y muchísimo más aún tras el 11 M, todo ello, por si fuera
poco, ante la pasividad y la
indiferencia de los que, teniendo el privilegio de acceder a las diferentes
tribunas de manifestación pública y que supuestamente existen en representación
de nuestros intereses, miran indisimuladamente para
otro lado, hace que todos los hechos de la esperpéntica vida política española
desde entonces, adquieran una literal dimensión de la más disparatada y extrema
literatura del absurdo. Ello no supone otra cosa que la evidencia de las más
que gravísimas carencias que el sistema tiene funcionalmente. O sea y dicho de
otro modo, que el sistema en España, mientras no se tomen las únicas medidas
que clama su realidad y particularidad histórica, no funciona ni funcionará
jamás en términos cívicos; que estamos desprotegidos en él, pues estamos a
merced de la voluntad de los impositores; que la contemplación hacia nuestros
más dañinos males sin erradicar no sólo ha provocado su hecatombe cívicamente
hablando, sino que lo ha puesto a cada momento en la evidencia de que ni
siquiera es capaz de funcionar de acuerdo a lo que tanto propagandiza
su carta magna.
Si
básicamente el absurdo es la descomposición de la coherencia existencial o
funcional del universo en un determinado tiempo para mostrar una determinada
naturaleza caótica inherente, en el caso de la política española, los resortes
de esta descomposición vienen de la mano de un fenómeno mucho más sencillo y
real; y es el hecho de que exista en ella un bando, nunca mejor dicho, que está
en perenne y apasionada guerra contra el resto social que representa en mayor y
menor grado el sistema motivo y centro de “su lucha,” y que al más puro estilo de
la literatura citada, los cobija en medio de inenarrables prejuicio.
Desde
luego sería harto sencillo acabar tajantemente y para siempre con esta
aberración que se nos impone desde esas clases que, desde una u otra tendencia,
se reparten invariablemente el poder siempre inaccesible a unas bases donde
radica, única y exclusivamente, la solución a todos nuestros males.