La Audiencia comunicará mañana a De Juana Chaos los 12 años y medio de cárcel por amenazas          Zapatero también ha dicho que

 

“NEGOCIACIÓN CON ETA”

 

         No es un proceso de rendición ante ETA, como dice el único reducto moralmente valedero de la prensa española. Es un proceso de complicidad. Es un apoteósico, delictivo y desafiante proceso, dado en una sucesión probada de actos criminales, penalmente hablando, ya no sólo de complicidad, sino de tácita colaboración en una abrumadora infinidad de hechos, con la actividad criminosa que ETA impone cobardemente a la sociedad civil en aras de esos objetivos históricos, tan absolutamente común a todas las izquierdas españolas y universales. No es por tanto casual ni extraño, sino que, en todo momento de la historia de España en el siglo XX, los hechos, convenientemente distorsionados por los culpables en el tiempo, han dejado la irrefutable evidencia de que este único y universal objetivo común, los ha hermanado siempre no sólo en términos ideológicos, sino a través de literales actos de guerra sucia y criminal contra un sistema que por su naturaleza supone la imposibilidad total de conseguir la aplicación de su particular concepto de poder.

 

Por lo dicho, queda claro que lo extremadamente grave de la noticia no es ese deplorable hecho de que un partido históricamente antisistema, camuflado en él por circunstancias de su propia lucha histórica contra éste, que ahora, en uno de esos ciclos incómodos de alternancia al que ha llegado gracias a la elaboración de los atentados del 11 M, haya tendido una mano cómplice a ese otro “hermano de lucha” errado, a criterio del primero, en el único camino efectivo para conseguir ese objetivo común. Lo extremadamente grave de la noticia, es que el propio sistema sea consciente de ello y no sea capaz de hacer absolutamente nada por atajar semejante complot, dejando que lo destruyan en una conducta imbécilmente ambigua.

 

         Como bien dice el dicho, ”no hay mal que por bien no venga,” y todo español capaz de reparar en la precariedad de la ya de por sí escuálida libertad conseguida, entenderá que sólo hay un único camino, desde luego largo y difícil, para conseguir que esta sea imperturbable por siempre.

 

         Para ello habrá que comenzar por hacer entender a todas las bases sociales españolas, que la democracia sólo es posible entre demócratas, y que no basta que convenientemente un grupo de poder repita demagógicamente que lo sea; sino que el serlo dependerá única y exclusivamente de la actuación contundente no sólo de la justicia sino de todo el sistema en su globalidad, contra todo delito cometido en su contra.