
“NUNCA UN PUEBLO DESEÓ TANTO LA MUERTE DE UN TIRANO. ÉL LO SABE.”
Nunca un pueblo deseó tan desesperadamente la muerte de un tirano. Nunca un pueblo se sintió tan mezcladamente feliz y frustrado, por el advenimiento de una muerte que debió ocurrir hace 47 años para que tanto sufrimiento se convirtiera de golpe, en alegre memoria de toda una soñada vida fructífera, cercenada por la realidad, por semejante asesino que ahora muere, lentamente, bajo la mirada deseosa de ese pueblo. Un pueblo que ante todo, para no variar en su frustración, no desea que ésta ocurra en la segura y privilegiada habitación de ese hospital rigurosamente inaccesible desde siempre para sus hijos; sino que la imagina literalmente de su mano, a manos de su justicia, la única posible para juzgar al castrismo, arrastrándolo literalmente por todas las calles de todas las ciudades y pueblos del país, para obligarlo a mirar a la cara a todos aquellos que condenó al dolor eterno en sus almas. Tan sólo, parta hacerle mirar a la cara a todas sus víctimas, sin esperar ninguna palabra de arrepentimiento en semejante mente psicótica, que no le venga por supuesto de la tremenda cobardía que siempre le caracterizó y que le haga clamar ante la evidencia de su final, muriendo, igualmente lento en el arrastre interminable.
Él lo sabe, lo sabe perfectamente pues es puntualmente informado por su macabro servicio de inteligencia, en su espera enajenada y también desesperada, de que la realidad en su final sea tal y como él se la inventó en vida. Por ello trabaja, más que nunca a marchas forzadas desde su lujosa e inaccesible habitación de hospital, para que se ponga en práctica desde ya, nada más morir, todos los planes cuidadosamente elaborados para conseguir, en este mundo diferente, lo que tan seguro tenía otrora, en el seno del imperio universal de este mal que nos corroe, con quien no sólo debió desaparecer entonces, sino mucho antes, sin dejarle llegar siquiera a ese poder que tan abominablemente usurpa.
Él lo sabe, y se pregunta qué suerte tendrán esos maquinadísimos planes, y nos contempla a todos, a todo el pueblo de cuba no sólo desesperadamente expectante por su exhalación, sino mucho más desesperado aún por correr a atajar, a malograr, a hacer desaparecer con toda la fuerza de su justicia, esas maquinaciones ignominiosas.