Existe una rotunda diferencia entre los buenos y los malos que habitan la “democracia” española; y es que los malos, que son los mismos que en otro tiempo hicieron todo por evitarla incluso con la violencia, y que luego entraron en el juego de ésta, obligados por una circunstancia histórica, ahora habitan en ella con gusto inevitable de un negocio político cuya acción está invariablemente dirigida a los mismos objetivos de antaño: la instauración del único sistema de poder que ha concebido siempre su mentalidad egocéntrica, absoluta y totalitaria. Por ende, la mayor contradicción de sistema que se da en España como el ejemplo máximo de todos los países occidentales que la sufren, es que el sistema “funciona” aceptando en su seno a un grupo de poder que es claramente antisistema y cuyos fines son absolutamente incompatibles con éste.

 

         No es en lo absoluto casual y obedece precisamente a esta intención, el que la izquierda Española, toda ella sin excepción por cuanto toda ella es una sola en el fondo, aplauda, propagándice, practique una rotunda apología del comunismo, aunque parezca incorrecta la expresión, de todas las formas de comunismo, desde el estalinismo hasta el castrismo, pasando naturalmente por el islamismo. No es casual y responde precisamente a esto, el que se demonice incesantemente al país abanderado del sistema de derecho en el mundo, con el que, en el caso de la llamada “izquierda democrática”, tienen que comulgar sólo cuidando ciertas formas de la propaganda, pero con la mentalidad de combatirle implacablemente en el fondo. En este caso, este fenómeno es asumido más o menos como una obligación temporal en cuya práctica las armas de fuego de la mismísima guerra civil se sustituyen por el entramado conspirativo que cae finalmente en los hechos de sangre como sucede con la ETA y con la, cuanto menos complicidad con unos hermanos antisistema cuya asistencia con los atentados del 11M les permitió recuperar el poder de la única forma que lo han sabido hacer siempre. Lo sucedido en torno a éste, el hecho más grave de la historia reciente de España, desde entonces y hasta la fecha, constituyen la medida y la prueba más que fehaciente de que el sistema de derecho tal y como está planteado y aplicado actualmente en España no funciona; amén de evidenciar como ningún otro hecho de que mientras exista una izquierda que simplemente polarice doctrinalmente la política, éste no funcionará jamás, máxime si ante este hecho el propio sistema es incapaz de purgarse. 

 

         No es nada casual que el denominador común de todos estos grupos radique precisamente en el gran enemigo común: Los Estados Unidos de América. La razón de ello es la anteriormente dicha, y es que representa la locomotora, el ejemplo, el símbolo del sistema occidental de derecho socio individual con su expresión práctica por excelencia: la democracia. Por tanto, semejante enemigo común se establece proporcionalmente en consecuencia al objetivo común que une a todos estos grupos antisistemas y que los hermana indisolublemente. Este objetivo común es, ni más ni menos, que el de acabar fulminantemente y para siempre con el sistema de derecho socio individual. La razón común que tienen para ello es sencilla y llanamente que es diametralmente incompatible con sus pretensiones de instaurar un sistema de poder piramidal, centralizado, personal y eterno que cada uno de estos grupos persigue bajo una diversidad rocambolesca de argumentaciones ideológicas, invocadoras de Alá o de estratégicos conceptos extremos del bien, cuyo objetivo final es siempre ese sistema de poder común, matemáticamente similar. Por otra parte y para evidenciar más la absoluta necesidad de guerra total que tienen estos grupos contra el sistema de derecho, está el hecho de que los países occidentales, aunque intenten toda coexistencia y promulguen el más absoluto de los respetos por tan criminales regímenes, serán igualmente atacados con la misma virulencia y odio. La razón es muy sencilla y constituye en sí la esencia de este pervertido “conflicto entre culturas”: y es el hecho de que es imposible instaurar sólidamente régimen impositivo alguno si esos pueblos oprimidos tienen ante sí el referente de esos otros pueblos verdaderamente libres. Es imposible homogenizar, impersonalizar una determinada masa social si el hombre individualmente recibe un referente práctico con que comparar y pensar por sí mismo. El espejo que constituye el sistema occidental conduce inevitablemente al hombre individual de los pueblos oprimidos a cuestionar, a oponerse, a revelarse, a suplantar. De eso simplemente se trata, y sencillamente por ello es que Castro carga sistemáticamente contra el sistema occidental; por ello es que todos los países comunistas y en otro tiempo todo el llamado segundo mundo cargaron contra el sistema occidental; por ello es que todo el mundo islámico carga y hace la guerra ciega contra el sistema occidental; por ello es que el mundo islámico quiere borrar físicamente al estado de Israel; por ello es que la ETA asesina cobardemente; por ello es que el nacionalismo reaviva hoy más que nunca la guerra civil en España; por ello es que la izquierda española, toda ella sólo una en el fondo, se pliega incondicionalmente, se hace eco propagandístico y opera como secuaz y cómplice de todos estos grupos sin excepción tanto dentro como fuera de España. Ello se debe simplemente a que están hermanados por una misma causa, comparten el enemigo y el objetivo común y por ende se ayudan moral y materialmente de forma mutua. Por ello es que todos son, sin excepción, astillas de un mismo palo.