CALDERA DE LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA
La apertura deliberada de las fronteras españolas para reforzar esa histórica campaña de derogación interna del sistema a manos de toda la izquierda gerracivilista, en te caso a través de artificios sociológicos con que contaminar y transformar una sociedad que moralmente les repele, ha traído un brote sin precedente de delincuencia y de crimen organizado.
La idea de importar grupos étnicos con costumbres socioculturales diametralmente diferentes e incompatibles con la antropología hispánica, responde a la necesidad de fulminar ideológicamente las raíces cristianas y liberales de una nación que en cada período histórico ha dado al traste, de una u otra forma, con esas irrenunciables pretensiones de instaurar España un sistema centralizado, seguro e incuestionable como única forma de poder concebida por ellos. ( Ver nuestro artículo Inmigración para trasformar a España. )
La inmigración con raíces socioculturales afines y los grupos potencialmente mezclables no interesan en nada a las izquierdas, debido a que terminan siendo absorbidos por la sociedad que les acoge, transformándolos sin más en ella misma, con lo que la conducta socioindividual del inmigrante se transforma hacia la conducta social nacional española y no a la inversa. Pero otra cosa muy diferente ocurre con la inmigración musulmana, por ejemplo, que no sólo no acepta las costumbres del medio que la acoge, sino que trata siempre de imponer a ese medio social mayoritario sus costumbres grupales como emigrantes. Si los moros fueran susceptibles de convertirse al cristianismo, que nadie dude en lo más mínimo que Caldera, obedeciendo al PSOE, mantendría cerrada a cal y canto la frontera sur de España; pero el caso es justamente todo lo contrario: los musulmanes no sólo no aceptan el cristianismo para sí, sino que ven en él un literal enemigo de guerra contra el que se lucha de todas las formas habidas y por haber, incluyendo, por supuesto, la captación del enemigo hacia su bando, o sea, el convertir a los infieles en fieles de su religión. Por esta y sólo por esta razón, es que Calderas, siguiendo órdenes muy precisas, abrió la frontera sur de España a esta más que dañina inmigración que en grado superior del conflicto que ella provoca, supone un literal acto de infiltración en el seno de nuestro sistema tan visceralmente odiado y objeto de guerra fanática, por parte de los grupos encargados de hacerla en nuestra propia casa. Y aquí hemos llegado al primer punto en común entre las izquierdas en España y el islán; la izquierda y el islán de ahora, los de siempre, los de toda la vida, los de toda la historia. Los moros no sólo no se convierten al cristianismo. Más allá de esa renuncia incluso se dedican a captar, allí por donde pasen, fieles para su ideología existencial, más aún al tratarse de un medio cristiano occidental cuyos modelos sociales representan en sí mismo la negación de su fanática doctrina moral con que hacen posible el sometimiento incuestionable de los pueblos sobre los que se asienta. El mundo cristiano por su parte, a diferencia del mundo musulmán, sí es susceptible a este proceso de conversión, entre otras cosas, por el desprejuicio que impera genéricamente en la mentalidad de nuestro modo de vida y por la no inquisición de la iglesia moderna, la cual no funciona ya como ideología de los conceptos, estructuras y funciones del poder en nuestros países. Este fenómeno es el que interesa a las izquierdas antisistema para, a través de la trasformación de hábitos y conceptos de moralidad social de esta sociedad, favorecer o instalar en ella los conceptos diseñados en la ideología marxista del bien y del mal sobre los que erigirse en un poder literalmente eterno.
Así pues, la labor Calderas persigue este objetivo, facilitando en España, como nunca en la historia actual, el asentamiento de grupos étnicos socioculturalmente incompatibles con la molesta España tradicional y cristiana objeto de derogación y de guerra por parte de unos y otros. Esta inoculación consciente de la sociedad española por parte de los antisistemas internos con los antisistemas islámicos se realiza para contar con un apoyo más en la procura de esos objetivos comunes que hermana ideológicamente a las izquierdas españolas con los regímenes islámicos, entre otros sistemas centralizados en el mundo. Inmigración para trasformar a España, para lograr influencia en la opinión y en la moral generacional española y con el fruto de semejante adoctrinamiento, poder tener el apoyo que necesitan para desmontar el estado de derecho a favor de ese soñado y perseguido estado centralizado. Grupos importados que, incluso ya de manera directa, representan en sí literales células durmiente a la espera de pasar a su particular guerra física siempre en forma de terrorismo cobarde.
Muy grande pena para todos aquellos españoles que reparen en tan alta y criminosa traición a España.