El
holocausto de Pedro Luis Boitel
Referencia del 1 de enero, 2002
De los Crímenes de Fidel
Castro.
Héctor Maseda,
Grupo Decoro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - En
días pasados apareció un artículo en el periódico cubano Granma
titulado Los Mártires de Maze. Su autor, Mario Muñoz
Lozano, recuerda en el texto el sacrificio de diez jóvenes patriotas irlandeses
que murieron entre mayo y agosto de 1981 por exigir al gobierno británico de Margaret Tatcher el
reconocimiento de ellos a su condición de presos políticos.
De inmediato, me vino a la mente otra
historia muy parecida, pero más distante en el tiempo. Igualmente triste y
dolorosa, más próxima a nosotros y prácticamente olvidada. Me refiero a la que
protagonizó el patriota cubano, opositor al régimen de Fidel Castro, y líder
estudiantil católico Pedro Luis Boitel Abraham, preso
de conciencia que realizó una huelga de hambre en protesta por los maltratos
que recibía en la cárcel capitalina El Castillo del Príncipe y para que
respetaran sus derechos como preso político.
Esta inmolación concluyó 53 días después
que Boitel iniciara su protesta. Fue la muerte quien
le puso fin. No le suministraron asistencia médica ni fueron escuchadas sus
demandas por los representantes del régimen de Castro, que conocían de la
huelga.
Armando Valladares, ex preso político que
cumplió 22 años de reclusión en las cárceles cubanas,
en su libro titulado "Contra toda esperanza", señala algunos pasajes
acerca de la muerte de Boitel.
"El siete de mayo -narra Valladares-
llevaba Boitel más de un mes de huelga (...) Al día
siguiente el doctor Humberto Medrano publicó un
reportaje en el Diario Las Américas, denunciando lo
que ocurría (...) Poco después personalidades del exilio y organismos de
Derechos Humanos enviaron cables a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y
a la Cruz Roja Internacional para que salvaran su vida (...)".
Para esa fecha, Valladares apunta en su
obra: "Boitel era un esqueleto recubierto de
piel que sólo emitía quejidos (...) El teniente Valdés, jefe de la policía
política del Castillo del Príncipe dijo: 'Yo no puedo hacer nada por él.
Informaré al ministerio (del Interior) del estado en que se encuentra y que la
superioridad decida. Pero pueden estar seguros de que no vamos a ceder a
ninguna posición de fuerza. Ya Boitel nos tiene muy
cansados con sus huelgas. Si fuera por mí, se moría, y creo que ése será el
criterio del ministerio'".
Pasaba el tiempo, Valladares afirma en
otra parte de su libro testimonio: A Boitel no le
daban cuidados médicos. Los demás presos sabían que presenciaban la muerte de
un hermano y no podían hacer por evitarlo (...) Al día siguiente, en horas de
la tarde (23 de mayo. Nota del autor) lo sacaron para un pequeño salón en la
prisión (...) En la puerta esperaban el Jefe de Cárceles y Prisiones, Medarno Lemus; el teniente Valdés, O'Farril
y otros oficiales (...) Dejaron a un sargento de guardia y los demás se
retiraron (...) desde lo alto y por las ventanas de otra sala, varios reclusos
observaban la escena (...) los presos se turnaron durante la noche para estar
atentos a lo que ocurriera. Esa madrugada oyeron la
voz agónica de Boitel que pedía agua. Pasaron las
horas y Boitel no volvió a quejarse (...) Era el 24
de mayo de 1972. Había muerto después de 53 días de huelga de hambre (...) por
reclamar sus derechos como preso político y trato más humano".
Transcurrirían otros nueve años (1981) y
la historia de Boitel se repetía. En esta ocasión, el
escenario era la cárcel irlandesa de Maze. Sobre el
particular, deseo señalar que el 15 de septiembre de ese año, durante la
inauguración de la 68 Conferencia Interparlamentaria que tuvo lugar en el
Palacio de las Convenciones de La Habana, Fidel Castro manifestó:
"Considero que los patriotas
irlandeses están escribiendo en estos días una de las páginas más heroicas de
la historia humana (...) Son ya diez los que han muerto en el más emocionante
gesto de sacrificio, desinterés personal y valentía que pueda imaginarse (...)
Para cesar en su huelga, estos jóvenes luchadores no piden la independencia, no
exigen demandas inasequibles; reclaman únicamente (...) el reconocimiento de lo
que son: presos políticos".
Y más adelante, Castro añadió: "No
podemos acostumbrarnos al crimen, ni en Irlanda, ni en El Salvador, ni en
Angola, ni en Namibia, ni en Sudáfrica, ni en el Líbano, ni en ninguna parte
(...)".
Y yo me atrevo a decir: ¡Ni en Cuba
tampoco! Los dictadores son quienes deben temblar ante los hombres que como
Pedro Luis Boitel saben morir por las ideas que
defienden.
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