Cuba, ¿una transición a la española?

 

El artículo de Jorge Ferrer La transición en uniforme [Perspectiva, 8 de mayo] toma como base un libro de Narcís Serra, ex ministro de Defensa de España, sobre la experiencia de las fuerzas armadas españolas durante la transición a la democracia después del franquismo. Ferrer trata de establecer un paralelo del caso de España con una posible transición en Cuba. Los elementos de la ecuación planteada tienen premisas totalmente diferentes. Durante la dictadura franquista, a pesar del bloqueo internacional sufrido por España, la economía se mantuvo intacta bajo un sistema de libre empresa, el ejército mantuvo sus estructuras tradicionales, y la transición fue presidida por el rey Juan Carlos, educado bajo el sistema económico, social y político de Europa Occidental.

El caso de Cuba es totalmente diferente. La revolución destruyó los basamentos jurídicos, sociales y económicos de la antigua república, desmanteló el ejército tradicional, sustituyendo a su oficialidad y clases por una banda de rebeldes sin conocimientos militares. Es increíble que uno de los expertos citados en el referido artículo, el profesor Jorge Domínguez, se refiera a ese ejército como ''elementos de prestigio social en la estructura militar'' cuando esa cúpula castrense que hoy gobierna Cuba incluye a tres comandantes ''históricos'', Juan Almeida, Guillermo García y Ramiro Valdés, que no alcanzaron siquiera una educación de nivel secundario. Pero lo más importante de esa ecuación es que se implementó en el orden económico un sistema comunista llevado a niveles increíblemente incompetentes que destruyó totalmente la economía.

Si se analiza racionalmente la realidad presente, no puede haber ninguna conexión entre una transición en Cuba y la que ocurrió en España después del franquismo.

Daniel F. Calderín

Miami

SEÑALAMIENTO:

 

 

         Seguir el modelo de transición que ocurrió en España, aludido, en el peor de los casos, sencillamente en favor del castrismo; sugerido otras veces por clara miopía y analfabetismo político, y referido, ya generalmente, por la mera asociación errónea de un panorama posmilitar que de común nada tiene, significaría hipotecar la libertad de Cuba exactamente con el mismo conflicto que ahora nos desangra. Significaría, ni más ni menos, que la imposibilidad ya absoluta de superar el inenarrable trauma que hemos vividos durante estos 50 años. Ahí tenemos en frente el mejor de los ejemplos: España, donde la guerra civil determina y determinará, mientras no se rectifique su transición, todos los frentes de la sociedad. A fin de cuentas, toda la diferencia entre correr una u otra suerte, se reduce a la ley política de que la libertad real, sólo es posible entre libertarios, o a que, la democracia, sólo es posible y real entre demócratas, y ya sabemos que el lobo, por más que se cifrase de cordero, sigue siendo siempre lobo.     

 

                                                                                    LaCubaHispana.