¿ Cual es su objetivo real? Desde luego que la respuesta a esta pregunta marcaría la esencia de toda asociación humana y muy por supuesto que no nos referimos a las “excelentes” y estereotipadas declaración de intenciones morales dentro de los infranqueables conceptos del bien que tan magistralmente esgrimen invariablemente los malos y que tan deficientemente utilizan los buenos por desgracia.

 

         Ante ciertas prácticas políticas en el peor sentido del término, se hace harto difícil lo que en principio debería tener una muy sencilla y contundente respuesta. La cortina de humo fundamental que trueca concientemente la respuesta veraz proviene en primer término del eco, nunca mejor dicho, repetitivo hasta la saciedad, con que una prensa oficial, mediatizada y mayoritaria vocifera justamente la propaganda que le dicta el poder. Ello resuelve la pregunta con la apariencia moral de siempre, destinada desde luego a manipular una opinión colectiva.  Pero lo cierto es que aún así sigue estando la pregunta en el aire: ¿cuáles son los objetivos reales de una u otra asociación, en este caso, de los países iberoamericanos.?

 

         Baste decir que ningún “gobierno” de ningún país pertenecería a ninguna agrupación de países si ello fuera en contra de sus intereses de poder o si tan sólo no le aportara ninguna clase de provecho, fundamentalmente político, que es lo que en esencia buscan en el seno de dichas organizaciones los gobiernos más ilegítimos de la tierra; esos que masacrando impunemente los más elementales derechos humanos se disfrazan de todo el palabrerío formal, de toda la propaganda con que invocan teóricamente su defensa. Y son precisamente éstos, los más activos, vociferantes y protagonistas que encabezan estas organizaciones hipotecando para sí los conceptos más absolutos del bien a la par que criminalizan y demonizan a los países que más cerca están en la práctica de esta propaganda. Esto no es nada nuevo. Se trata de un viejísimo recurso clave de la inteligencia de guerra, con el cual fabrican la “legitimidad” de un poder en la mente social. Es así, como los poderes más perversos y criminales de la tierra prevalecen socavando apoyos en una masa compleja y hábilmente confundida. Por ello y para ello es que se constituyen y funcionan estas cumbres de países asociados. Deberíamos decir, para hablar con mayor propiedad, de gobiernos asociados. Por desgracia, ni más ni menos que es esa la verdadera razón de ser de las “cumbres de países iberoamericanos. No falla el proverbio ni para estos casos: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

 

         No hay más que ver los países que más activamente participan en Las cumbres iberoamericanas para darse cuenta de en qué las han convertido. En el caso de Cuba o mejor dicho de su régimen, toda participación en esta y en todas las asociaciones internacionales se reduce al establecimiento del apoyo internacional que necesita y que logra tanto de gobiernos afines o igualmente déspotas, como incluso de los gobiernos menos malos y más cercanos a la propaganda formal del bien, para mantenerse en el poder sin riesgo de que la comunidad internacional cargue fulminantemente sobre ellos, como debería ser irremediablemente de aplicarse los principios más elementales de la globalización del sistema. A fin de cuentas, la mayoría de estas asociaciones de países no persiguen otro objetivo que el erigirse en una plataforma de intereses comunes con qué contrarrestar, influir, condicionar y decantar la cruenta y rapiñosa  guerra de intereses que se libra en el seno de las agrupaciones mayoritarias como la mismísima ONU, donde la palabra del bien, exactamente igual que en la guerra, pasa a propagandizarse como la del mal y una viceversa incomparable que da la justa medida de quienes son y cómo son realmente los malos, los únicos malos de toda esta historia moderna de la humanidad. Al final, esta propaganda definitoria de uno y otro bando que persigue calar en las poblaciones a través de la tribuna oficial que suponen todas estas organizaciones, es fabricada artificiosamente por los de siempre, ya que su esencia, justamente como la de estas organizaciones, se reduce a un grupo que quiere hacer imperar un poder sin perturbaciones y a otro, que generalmente de forma muy insuficiente plantea enmendar el derecho siempre pisoteado de las bases gobernadas.