El “mundo de la cultura”… ¿cuál de ellos.?
La “cultura española” tal y como la entiende la oficialidad del canon, del amiguismo y de la subvención pública, o sea, esa que nada tiene que ver con el verdadero mundo cultural de España, no constituyen otra cosa en el panorama sociológico de este país, que una muy minoritaria clase encumbrada y supraprivilegiada, gracias únicamente a la imposición que de ella hace sobre la sociedad en general, el mayor grupo de imposición de toda la historia moderna de España: la izquierda. De ella recibe precisa y expresamente esos favores de estatus sin igual, de colocación a dedo en las más altas esferas de las instituciones culturales del estado; de ella recibe, además, la supresión total de cualquier competencia artística que importune tan siquiera a ese perfil psicológico, o más bien psiquiátricamente único de extraordinario ego exhibicionista y de patológica y perenne manifestación egocéntrica sin límites. De ella recibe constantemente millonarias sumas de dinero, dinero exclusivamente público, dinero íntegramente ajeno, como suelen ser invariablemente los fondos de cualquier “gestión” emprendida por semejantes formaciones “políticas.” A cambio, estos endiosados histriones dan a las izquierdas su única función en el seno de esta sociedad: la de adoctrinar con ultranza y tremendismo a las nuevas mentes emergentes a la conciencia del mundo; la de instigar constantemente en esas otras mentes ya penetradas y más obcecadas que nunca a estas alturas, a que transmitan bajo cualquier forma de manifestación a todos los rincones de la sociedad, semejante ideología absoluta e incuestionable, a que condicionen todo en ella, a la aplicación y defensa de semejante concepción ideológica del mundo para que actúe al final, para eso fue creada, siempre a favor de ese grupo de poder que para ello los encumbra, los agasaja y los define como: El Mundo de la Cultura Española.”
Cuando la izquierda habla de “el mundo de la cultura” se refiere siempre, únicamente, a esta cúpula muy minoritaria, que aprovecha semejante ciclo de conveniencia y tan despreciable servicio acultural para imponerse, para distanciarse del resto social y para protegerse del verdadero mundo de la cultura que tan dinámica e independientemente se da en el país, aunque siempre en eterno conflicto por la subyugación que sobre él quiere hacer el primero, el definido oficialmente como tal. Pues con semejante titularidad oficial, por demás inaccesible al resto de los mortales, estos ególatras, por su parte, se protegen de los verdaderos creadores y de todo aquel que con verdadero talento, les pudiera desplazar al olvido, de medirse y competir en un verdadero mercado independiente del arte y de la cultura en general, no intervenido por el poder, por semejante poder nefasto.
Son, por tanto, vacas consagradísimas e intocables que absorben siempre, pero siempre siempre, todas las cuotas de publicidad sobre sí y todos los fondos públicos con clara abyección legal. Dinero robado con que no sólo generan un falso mercado del arte que desemboca conceptualmente en el encargado rédito político de quien se lo da sin el consentimiento de a quién se lo quita, sino que con lo cual, además y por otra parte, impiden, literal, parasitaria y conscientemente, cualquier emergencia o intento de emergencia de un mercado real del arte independiente a ese mafioso poder protector del primero. Un mercado real, siempre pisoteado pero también siempre insistente por estricta necesidad de la sociedad, que libremente y sin proteccionismos termina siempre influyéndola moralmente. Este fenómeno es el que precisamente hace obcecar a ese poder impositivo y manipulador en la procura de diseñar, a su imagen y semejanza, el modelo de “mundo cultural” que necesitan sus intereses políticos. Por ello necesita fulminarlo, transformarlo, controlarlo; por ello, ante la dificultad de semejante tarea, sobre todo en un país camino de la libertad, lo margina férreamente como primer y consumado paso. Esto le encanta a esa clase sagrada del arte y por eso vende a diario a su madre y a toda su familia con los ojos cerrados. Por ello es que es comprada por sus mentores y amos, para, endiosándola falsamente, obtener a cambio la obediencia y la cobertura propagandística que necesita en el “contenido de la cultura” para encajar en la mente social una aceptación emocionalmente fanática e irreflexiva de sus propósitos históricos respecto al poder. En fin, que todo se reduce a una trama alevosa y furtiva, para engañar a todos con el dinero de todos. Todo un flagrante delito hasta ahora impune y pendiente de cuentas políticas y penales.
De todo esto sabemos mucho los que hemos vivido en Cuba como cubanos, pues la analogía entre ambas clases de gremio consagrado es literal y absolutamente la misma, sin ninguna, pero ninguna clase de diferencia en este ciclo mutuo de favores. No por gusto, además, todos ellos terminan siempre en La Habana; eso sí, siempre que no sean convocados en cualquier otro lugar del mundo relacionado con este mercado verdaderamente obsceno e infame, o incluso con ese otro mercado real y rico económicamente, al que tanto atacan sistemáticamente estos fantoches de la apariencia y del fraude.
En fin: canon, imposición de cuotas televisivas y de distribución, aforo institucional para la canalización de cualquier producción de proyectos artísticos y culturales en general, cuota absoluta de publicidad y dinero, mucho, pero mucho dinero público, recaudado a las fuerzas de los bolsillos de aquellos que por uno y otro hecho, por robarles el dinero y por financiar con él la producción de bodrios intragables repletos de panfletadas ideológicas, son literalmente estafados y engañados a fin de cuentas con su propio sudor. Ya ven, Nada nuevo. La izquierda es siempre la misma en cualquier lugar y tiempo.