En las ventanas no habrá flores amarillas

                                                                              

                                                                               Por Ernesto Díaz Rodríguez

                                                                               Secretario General de Alpha 66

                                                                               Vicepresidente de Unidad Cubana

 

Con bastante frecuencia aparece una nueva versión sobre el supuesto fallecimiento del  tirano Fidel Castro. No es difícil imaginarse de dónde y con que propósito se originan esas falsas noticias. Es el clásico termómetro, de una parte, y de otra el marcado interés de ir acondicionando la mente de la población a la desaparición física de la “Momia de la Sierra Maestra”, o el “Dinosaurio en Jefe”, como mejor se le quiera llamar.

 

Los de la camarilla gobernante, esos que como polluelos trasnochados han vivido bajo el ala de la gallina clueca que los adoptó, ante la inminente orfandad que se les viene encima andan como un susto de muerte en la garganta. Es el temor al fantasma de las cárceles, donde irán a parar por sus perversidades. El temor a la justicia que tendrán que enfrentar, donde no habrán ventanas con flores amarillas en su postrer caminata por las calles, sino cintas de alambradas de espino destrenzadas. Y alegría en las arterias, no por la caída estrepitosa de la dictadura ni por el dolor de los vencidos, sino por la resplandeciente luz de la libertad y el fértil renacer de la esperanza.

 

No se imaginan los fabricantes de rumores, algunos de ellos tan bien condimentados como el clásico arroz con pollo de la Cuba de antes, que a sus métodos distorsionadores los conocemos tan perfectamente que no es fácil que nos confundamos. Además, no hay razón para bailar al son del compás carnavalesco de los creadores de esa burda orquestación de música fugaz, con muletas y vestida de andrajos, que con disfraz de cha-cha-cha cada cierto tiempo, en bandeja de plata, nos envían desde La Habana. 

 

Y es que probablemente no se han dado cuenta de que con perro o sin perro el resultado va a ser el mismo en un plazo muy breve. Para la libertad de Cuba ya es hora y eso lo sabe el pueblo de la Isla y también lo sabemos nosotros los cubanos del exilio. Poco importa si ya envolvieron con gasas a la momia y la mantienen en una gaveta de rojo terciopelo, o si todavía respira, balbuciente, dentro de una cámara isobárica, absorbiendo la propia pestilencia de su ano postizo.

 

El crujido de las cadenas que se rompen ya está en todos los oídos. No es la moribunda tiranía un ave fénix que surgirá victoriosa de entre las cenizas, porque no es cenizas sino estiércol viscoso lo que apresa sus alas. Son cadenas herrumbrosas, eslabones de miseria,  y de sangre que atan a su triste destino a aquellos que por ignorancia o por maldad confundieron el sentido de la democracia y la paz de la nación, con la prepotencia, el atropello, la desenfrenada corrupción, la vileza y el crimen.

 

 No. No importan la mala intención, ni las manipulaciones de la información de quienes perversamente pretenden una continuidad sin límites en el goce de los privilegios con que han sido premiadas sus grotescas fechorías. Las puertas del basurero de la historia ya están  abiertas, abiertas de par en par, para dar paso al cortejo fúnebre de la andrajosa revolución de los hermanos Castro y comparsa.