LA ÚNICA VERDAD SOBRE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.

 

         Sentencia histórica, única y absoluta, sobre la que satisfacer toda suerte de interrogantes respecto a la guerra civil española: No hubiese existido el tan recurrido régimen franquista, si el PSOE, Ezquerra Republicana de Cataluña, el Partido Comunista y en fin, toda la izquierda de dentro y de fuera de España, en bloque, no hubiesen hecho, no hubiesen provocado y desarrollado la archiconocida Guerra Civil Española. A penas hubiese existido en la historia el nombre de Francisco Franco, si esta fanática guerra que ellos desataron no hubiese estado organizada, apoyada y dirigida por el Kremlin, con la intención común y abiertamente confesada entonces, de instaurar en España y sin reparos, la “dictadura del proletariado,” o sea, lo que en estrictos términos de la ideología marxista que todos ellos profesan significa literalmente: la imposición del comunismo.

 

         Desde entonces a esta parte, no ha pasado un año en que este “tiro por la culata” no haya sido objeto de la más fanática y obcecada reivindicación, lo cual ha sido drásticamente la causa de que la llamada “democracia española” sea cuanto menos imposible de llevar a la práctica. Y todo porque simple y llanamente, ellos han trasladado literalmente esta guerra al seno de esta sociedad que confunden para intentar ganarla; ganar en el 2008 el proyecto común de las izquierdas de 1934, encajado, impuesto en el seno de semejante propósito libertario emprendido en 1978, sólo que ahora, desde las mismísimas instituciones del estado español.

 

         Por eso ahora, entre tantísimos o enésimos precedentes, es que el hipermediático juez Garzón, en estricta obediencia a su jefe político, el presidente del 11 de marzo de Madrid, quiere inventar nuevos casos de “crímenes de la guerra civil,” expresión que en boca de toda la izquierda antisistema a la que todos ellos pertenecen, significa única y exclusivamente: “crímenes del Franquismo.” O sea, la tergiversadora y fanática campaña propagandística de siempre, esta vez orquestada como una ofensiva sin precedente, repetimos, desde el mismísimo gobierno de la nación. Si existe mayor gravedad de delito contra el estado, que alguien nos lo comunique.

 

         Desde esta página se ha señalado siempre los objetivos estrictos que persiguen todas y cada una de las campañas generadas por la izquierda en España: acabar, fulminar al estado de derecho dado que en su común teoría ideológica significa el aborrecido “capitalismo”, y dado que en la práctica de las sociedades significa la imposibilidad de alcanzar la calidad de poder históricamente perseguida desde la guerra civil y a la que ellos no renunciarán jamás.

 

          Da igual que volvamos a preguntar al “juez” Garzón por Paracuellos. Da igual que le preguntemos por Santiago Carrillo, ese fanático asesino de masas penalmente definido como tal mediante toda suerte de pruebas jurídicas; ese monstruo de los crímenes contra la humanidad al que el PSOE no pierde ocasión de homenajearle y agasajarle sin reparos en sus actos. Da igual; ellos simplemente actúan en todo momento para lograr los objetivos de aquella guerra que provocaron y que perdieron, camuflándose ahora hoscamente de democracia y de sistema para confundir a la opinión española, para guiarla a esos criminosos propósitos irrenunciables, para carcomer desde dentro, como un topo, todo cuanto odiaron, odian y odiarán: el sistema de derecho, la democracia y muy sobre todo, esa molesta España cristiana que osa enfrentárseles, denunciarles y atajarle, tal y como ocurrió entonces y tal y como ocurre ahora en esa perenne guerra que ellos nos imponen.

 

          Pues simplemente eso: mientras existan ellos, existirá la guerra civil en el seno de la sociedad civil española. Mientras toda “política” o memoria histórica de la guerra civil consista única y exclusivamente en la reivindicación de sus objetivos por el bando que la provocó; mientras esta guerra exista artificialmente en el seno de la sociedad española, mientras ella determine el pensamiento político español, convertida ahora muy claramente en mera ideología, será imposible aplicar verazmente la libertad y el estado de derecho en España, porque simple y llanamente, ambas cosas son literalmente incompatibles.