REUNIÓN POSTELECTORAL DEL PP… ¿ Y PARA CONCLUIR QUÉ.?
Se ha reunido la ejecutiva del PP para analizar, entre ostras cosas, el resultado de las elecciones. Está claro que no se consuela el que no quiere, y como hemos visto en las posteriores declaraciones, la subida de escaños, como indicativo de buen resultado, ha sido la tabla salvadora o el clavo ardiendo del que se han agarrado todos ellos, sin fisuras, para transmitir esa imagen de unidad y de fuerza, que desde luego hoy más que nunca necesita ese partido. Pero a la verdadera cuestión de fondo debido a la cual no se ha logrado la victoria electoral, se le ha dado la espalda, como siempre. El señalamiento del incremento de los escaños, responde más bien a ese hábito inherente al perfil de un político genéricamente hablando, de justificar siempre su labor, definiéndola como buena, cuando es mala, o exageradamente buena, cuando es mediocre. Y no cabe dudas de que ha sido simple y lisamente buena la labor del PP en estas elecciones, aunque rotundamente pésima durante estos tortuosos años como oposición, en que debió de realizarse campaña en todo momento. Pues no se trata de buenos resultados, como se consuelan los del PP, se trata de ganar las elecciones, que es la necesidad vital que tienen ahora más que nunca los españoles de bien para salvar nada más y nada menos que a España y al sistema libertario por el que han apostado y el que hoy más que nunca peligra. La sinceridad, la honestidad y la altura política del candidato Rajoy, merecerá en ésta y en las próximas elecciones, toda la confianza de todos de esos españoles de bien, de eso no hay dudas y ese voto, aunque no hubiesen hecho campaña alguna, lo tiene asegurado siempre el PP. Luego, ¿ donde está el fallo.? ¿Qué han hecho mal.? ¿Sobre qué deberían de reflexionar.? ¿ Qué han hecho mal en esta pasada y decisiva campaña.? En fin: ¿ Por qué han perdido las elecciones pese a tener enfrente, como contrincante o competidor, al ejecutivo más desastroso, más incapaz y sobre todo más antiespañol y antisistema de toda la historia de la España moderna.? Pues simple y llanamente por enfrentarse nada más y nada menos que al PSOE, al líder de todas las izquierdas en España, solamente con sinceridad, con honestidad y con respeto al sistema de derecho y a las leyes que en cada frente le rigen, fundamentalmente y en el caso que nos ocupa, de la ley electoral y de sus inherentes normas éticas de convivencia en tal empeño de granjearse el voto de los diferentes sectores de la población. Es como ser parcamente honesto en una competición donde el oponente siempre hace efectivísimas trampas contra las cuales ningún arbitro mueve tan siquiera un dedo para rectificarle, así que se denuncien a gritos, así que se le sorprenda in fraganti.
Si bien por una parte tal derroche de sinceridad, de honestidad, de eficiencia y de respeto a los demás emanado por el candidato del PP atrae el voto de todos los hombres de bien no adoctrinados ni confundidos, de lo que se trataba era de sumar el voto de la gente joven, generalmente desinformada y con exagerado predominio emocional, por imperativo de su particular y difícil período evolutivo, a la hora de entender el mundo, en su natural e inherente entendimiento caótico e inseguro del mundo. Tal característica de este sector de la población, hace que radicalice irreflexivamente, por norma, toda cuestión sobre el bien y sobre el mal, lo cual, como ya sabemos, es el eje metodológico y dogmático de todas la doctrinas de las izquierdas. Este eje, por si fuera poco, constituye justamente el pilar fundamental de la propaganda que sistemáticamente vierten todas las izquierdas sobre los colectivos vulnerables de la sociedad, en torno a la cual éstas siempre mienten y siempre, pero siempre, siempre, criminaliza en extremo y con exageración a sus enemigos. Es el eje de una propaganda ideológica en torno a la cual siempre se autodefinen como la perfección del bien en el universo, de cara a todos los procesos posibles que interactúan con esa mente vulnerable que quieren sustraer, a la que terminan hipnotizando, en la que terminan inoculando la mentira disfrazada de estas majestuosas formas absolutas de la apariencia del bien. Y de eso se trataba. De eso tenía que tratar, ante todo, esa reflexión sobre lo ocurrido el 9M. O sea, que el fallo del PP en estas elecciones ha estado precisamente en no enfrentarse al PSOE con sus propias armas, con sus propios métodos, sin abandonar, por supuesto, los tan loables métodos propios, para disputarse, para granjearse los votos de todos esos sectores sensiblemente confusos y manipulables. Esta pasada campaña electoral ha sido, analógicamente similar, a un combate de boxeo, donde uno de los púgiles se empeñara en respetar al pie de la letra las reglas del combate, mientras el otro arremete a golpes usando incluso los pies y toda clase de objetos como arma, arrollándole hasta en los tiempos de descanso, con lo que termina arrastrando al público a la exaltación irrefrenable, como en uno de esos espectáculos de lucha libre en que éste, desbordado y fuera de sí, vitorea irreflexivo al que más le agrade, siempre al margen de la verdad y de la razón. Pues lo que ha ocurrido en estas pasadas elecciones es literal y exactamente lo mismo.
En España, el país occidental en el que más se agrede y se arremete contra el sistema de derecho internamente por imperativo de los invariables objetivos de los grupos de poder proveniente de la guerra civil, fundamentalmente y a la cabeza de todos ellos el PSOE, la mayor parte del electorado, penetrado directa o indirectamente y de forma sistemática por estos grupos, no volta ni con elemental conocimiento de las cosas que le rodea, sino que lo hace desde los paradigmas estereotipados del buen y del mal que le inoculan constantemente desde estas formaciones. Con una parte de ellos no hay nada que hacer, pues se trata de individuos tan obcecados y radicalizados, siempre psicoanalíticamente sobre sus propias carencias personales, que hasta llegan a justificar sin titubeos, e incluso aplicarían ellos mismos, los métodos más extremos y sucios de guerra para destruir a los que son diferentes y a los que no pueden adoctrinar ni embaucar. Ellos lo harían con plena conciencia, por lo que, con esos nos hay nada que hacer, pues son, sin más, la patata podría dentro del saco a la que hay que retirar a toda prisa. En cambio cuestión bien distinta pasa con las mentes maleables que por una u otra razón son fácilmente arrastradas por los primeros. A este colectivo se le puede reconducir en contra de tales propósitos de adoctrinamiento, y naturalmente, siempre en pos de la verdad, aunque será menester e imprescindible la utilización de métodos similares para ello. Para lograr estos votos, el PP necesita de métodos de comunicación más agresivos contundentes y sistemáticos, que, inexplicablemente, nunca es capaz de aplicar y de sostener. Para captar a estos votantes se necesitan métodos de comunicación literalmente radicalizados en su mensaje, en torno a los cuales crear una emoción vibrante, que es el único modo de atraer en campaña a este colectivo. Ello implica utilizar las mismas armas de los malos para hacerle ver quienes son los únicos malos y estafadores de este inestable y vilipendiado panorama político; pero siempre, con el doble de contundencia y afán de lo que aplica el bando contrario. Porque la perdición del PP está en contemplar las elecciones como un proceso de selección democrática de alternativas por parte de los ciudadanos, cuando el principal partido de la izquierda y virulento enemigo del sistema contempla este proceso como una guerra de inteligencia en toda regla para lograr exactamente lo mismo que en una guerra física convencional: el poder. Y ya sabemos que por él, por el poder, este partido hará siempre todo lo insospechable para una mente honesta. De ello simple y llanamente se trata, sobre ello debería reflexionar detenidamente el PP y sacar claras conclusiones.
Mientras el PP no eche mano de una verdadera movilización ciudadana en pos de la defensa del sistema, mientras en torno a esta idea no aplique todas y cuantas técnicas e iniciativas puedan aplicarse en la agitación de las bases contra el mal de España, mientras no sólo utilice sino mientras no supere los propios métodos del PSOE para enfrentarse a semejante formación de poder, el PP no ganará ningunas elecciones en España, porque simplemente, y repetimos, para el PSOE no se trata de simples mecanismos inherente al sistema, al que además odia fanáticamente; sino que se trata de una verdadera guerra por el poder, por ese preciado trofeo en pos del cual hizo la Guerra Civil en España y por el cual aún está pendiente de aclarar todo sobre los atentados de Madrid. Ese trofeo, esa tribuna, este estatus desde el cual, precisamente desde el cual, hacerle la guerra literalmente hablando al incómodo sistema de derecho al que tan imperiosamente necesita transformar para instalar, para imponer ese sistema que le permita gozar de esa calidad del poder históricamente perseguida desde su creación como partido.
Por eso, sin más, es que el PSOE ganó las elecciones: porque no respeta las reglas, porque miente abierta, exagerada y sistemáticamente, porque criminaliza a los inocentes y a las víctimas como verdugos y presenta a los culpables, a los verdugos como víctimas, como ángeles. Ganó las elecciones porque agita a la sociedad entorno a un mensaje expresamente fabricado para que cale en ella de manera emocional y lo repite más allá de la saciedad, en todo momento del día y de la noche durante todo el año desde los medios de comunicación afines y penetrados, que representan en España el literal 90 % de toda las prensa, incluyendo por supuesto y muy en primer lugar, a los entes público de la radio-televisión.
Ante semejante delincuente sin escrúpulos de ninguna clase para reducir y liquidar a un honesto transeúnte asaltado, no valen gestos morales, ni invocaciones honestas de la verdad y de la moral, ya que precisamente esto le incita más aún a cebarse sobre su presa; envalentonándose más por la facilidad de atropello que se le desvela. Así que, si se quiere al menos sobrevivir y ya que decir si se quiere triunfar sobre ese mal, enfrentándosele, hay que empuñar las mismas armas que él empuña, e incluso, hay que empuñar armas temerariamente superiores para, cuanto menos hacerle huir de acuerdo a su verdadera y única condición de cobardes.
Mientras el PP no tome nota y práctica de esto, todos los ciudadanos de bien de España terminaremos siempre asaltados y estafados por los enemigos de siempre: los del sistema de derecho; los enemigos de España. Esa es la cuestión fundamental que deberían haber concluido en esa necesaria reunión de terapia de partido.
CON HONESTIDAD,
RESPETO Y BUEN HACER NO SE VENCE A LOS MALOS, A LOS MALOS ÚNICAMENTE SE LES
VENCE CON SUS PROPIAS ARMAS.