ANÁLISIS SOBRE LAS “DESERCIONES” CASTRISTAS:
Siempre es bueno que alguien, que ha estado en la senda del mal, retome la del bien. Es desde luego naturaleza humana el arrepentimiento de las malas actuaciones en la vida si el alma en cuestión fuera tendiente a ello. En algunos de estos casos, podrían hasta recibir el perdón de un determinado juzgador y, en otros, incluso el de aquellos que sufrieron su mal hacer. Pero para que sea posible tal otorgamiento, más aún de la mano de este segundo grupo, o sea, el de sus propias víctimas, es necesario que tal acto de arrepentimiento se exprese mediante la auto imposición de una proporcional condena, que en los casos más graves, y como no debería ser de otro modo, podría llegar hasta el mismísimo suicidio. Aunque al parecer este es un caso mucho menor, entendiéndolo así siempre que por su mal hacer no haya muerto ningún cubano, no deja de ser un caso sujeto al mismo conflicto que siempre se establece cada vez que ocurre una deserción de este tipo, muy sobre todo a estas alturas del padecimiento de la dictadura en Cuba. Y es que, sea sincera o no la razón de su arrepentimiento, la cuestión ineludible es que precisamente por su mal hacer, es que ha sido posible el mantenimiento de semejante dictadura criminal sobre el pueblo de Cuba a lo largo de todos estos años. En este agravamiento de la culpa, determinado por el momento en que se produce la deserción, resultan mucho menos culpables o prácticamente están del todo exculpados los que la llevaron a cabo al principio de la dictadura, que, desde luego, los que lo hacen ahora, después de haber estado todo este tiempo contribuyendo a la estabilidad de semejante tiranía. A este agravamiento de la culpa, dado por el momento en que para una determinada generación de la revolución castrista, se produce tal rectificación o deserción, se une otra cuestión no menos determinante e incluso más determinante aún, como condición para que podamos otorgarle eventualmente semejante perdón. Y ella es si tal deserción del mal se produce como simple y honesta consecuencia de la toma de conciencia de su mal hacer en el bando del mal, o si por el contrario se produce por el mero hecho de haber caído en desgracia con ese bando. En este segundo caso todo se reduce a un mero acto de egoísmo, como siempre ha sido la conducta de estos sujetos oportunistas. Por desgracia, esta es la única razón por la cual la mayoría de los castrista desertan y se unen a nosotros, naturalmente invocando falsamente esas razones que harían noble tal acto de rectificación. En fin, desde esta página llamamos la atención sobre esta cuestión, y decimos claramente que estos sujetos que nos llegan, igual de deplorables que entonces, no vendrían al mundo libre si no hubiesen caído en desgracia con ese amo suyo, opresor de Cuba, que hasta el momento de su deserción les había colmado de privilegios sobre ese sufridísimo pueblo al que ellos han ayudado, en mayor o menor grado, a embaucar. Desde esta página decimos que la gran mayoría de estos castristas desertores, sólo desertan cuando sus propios “compañeros” los convierten en objetivo de esa represión que ellos, otrora, aplicaron fanáticamente sobre los demás. O sea, que vienen hacia nosotros sólo cuando les toca sufrir en carne propia todo cuanto sufrimiento ellos mismos han infringido a ese pueblo indefenso de cuya lamentable experiencia quieren escapar ahora a la desbandada, a toda costa. Desde esta página señalamos además, que es doblemente insultante para la memoria y la dignidad de ese pueblo que estos desertores dejan atrás, encarcelado por sus propias manos, que la aparición de estos desgraciados entre nosotros esté marcada de declaraciones falsamente libertarias, heroicas y de supuestas voluntades y acciones contra la dictadura castrista; su dictadura. Si, llegado el caso, tal arrepentimiento fuera honesto, lo menos que podrían hacer para respetar nuestra memoria, es guardar silencio y anonimato allí donde vayan a parar en su huida. Pero no, desde esta página señalamos que lo común es llenarse la boca con ese discurso convenientemente contrario al que siempre excretaron sobre nosotros allí. Ello responde únicamente a su intención de abrirse camino en el mercado selecto de la oposición en el exilio, para vivir, como siempre, del cuento, de la notoriedad, de la exclusividad; para no pegar palo como lo tienen que hacer día y noche las no menos sufridas bases del exilio cubano en el mundo, cuya dura suerte también quieren eludir. Repetimos: todas estas “deserciones” son calcadamente iguales. Primero pasan, por las razones que fueren, de perseguidores a perseguidos, después matizan y cambian las razones por las que persiguieron a los demás en Cuba y finalmente, ya más papistas que el papa, se deshojan en ese discurso libertario que en sus bocas suena con la oquedad más grande con que suenan falsedades. Posteriormente, si cuala, terminarán en algún partido político yaciente a la espera de la apertura, o en alguna publicación digital o física en la que comenzar el “exilio” desde cierta jerarquía social; justamente en el seno de ese exilio otrora perseguido y criminalizado por su propia boca. Todo ello, como hemos dicho, en el menos malo de los casos, es la realidad que en general hay tras estas deserciones. Como sobradamente sabe este exilio soñoliento y dividido, son enésimos los casos en que estas aspaventosas “deserciones” no son más que coberturas de inteligencia con que el castrismo infiltra a sus agentes entre nosotros. A este respecto, y dicho sin exageración alguna, la oposición cubana en el mundo, si lograra finalmente unirse en ese invocado frente de acción común contra el castrismo, estaría obligada a crear, entre otras cosas, todo un servicio de contrainteligencia para detectar a cuantos topos pretenda Castro alojar entre nosotros. En resumen y volviendo a los señalamientos anteriores, desde aquí decimos que la mayoría de estos desertores no cambian, no han cambiado nunca; sólo piensan en sí mismos y nosotros deberíamos entenderlo y obrar en consecuencia.
¿ Estamos ante una toma de conciencia de su triste labor en el bando del mal, o simplemente se pasan a nuestro bando por haber caído en desgracia con ese amo que siempre le colmó de privilegios.? ¿ Huyen de sus propios compañeros de represión, o vienen en cumplimiento de la consabida misión de espionaje al exilio.? Sea cual fuere el motivo por el que ahora se pasan a nuestro bando, no olvidemos nunca que precisamente gracias a ellos, de una u otra manera, es que ha sido posible la estabilidad de semejante régimen en Cuba durante todos estos años. No les otorguemos sin más nuestra benevolencia y nuestro perdón. Los verdugos, tanto da si arrepentidos o no, han de pagar sus culpas consigo mismo, con los hombres y con Dios, lo mismo que sus víctimas tienen que cargar irremediablemente con sus penas.