VALIENTES Y COBARDES.
¿ Porqué la Izquierda tiene capacidad convocatoria y movilizativa, en su caso, cuanto menos excelente?: PORQUE ESTÁ EN GUERRA CONTRA EL SISTEMA QUE TAN ERRÓNEAMENTE LA COBIJA. Sus bases sociales sienten un desenfrenado odio contra éste, siendo naturalmente arrastradas en grados extremos o absolutos según versa su particular ideología definida por una doctrina perversamente moralizadora sin precedente alguno. Hablamos pues de una base social fanáticamente obediente a los verdaderos artífices de estas movilizaciones, de esta guerra, de estos desmanes contra el sistema y con el objeto de liquidarlo, que son a fin de cuentas los que concientemente llevan esta guerra cruenta al seno de la sociedad civil, que son exactamente los mismos que provocaron la guerra civil en España, que no es otra que la que prevalece en nuestros días por el qué hacer perverso y criminal de esta “clase política” en los entramados del mercadeo del poder en que todas en general han convertido convenientemente a la democracia. ¿ Por qué la izquierda no cesa ni cesará jamás en esta guerra abierta contra el sistema?: Porque necesita imperiosamente como eje y esencia de su propia naturaleza, como simple y llana razón de su existencia, suplantar el actual sistema que tan en contra de su voluntad se instauró en España, por el sistema históricamente perseguido, climáticamente en la guerra civil, por ese sistema inevitable a la que va toda ella, haga lo que haga la humanidad, de poder absoluto, único, seguro, inamovible, eterno.
¿ En cambio, por qué la “derecha”, término que prevalece en su sentido tergiversado por la sólida campaña de guerra de las izquierdas para criminalizar y excluir, no se moviliza, no sale a la calle y a duras penas es capaz de expresar su posición o si quiera su parecer en público? Pues porque básicamente y en primer lugar está en paz con el sistema de derecho socio individual y hasta vive a gusto dentro de la expresión de convivencia que éste tiene, o sea, la democracia. Esta “derecha” no necesita hacer la guerra, porque no está en guerra, y precisamente lo que alienta la especial virulencia de ésta desde el otro bando es su incapacidad de imponer claros límites al funcionamiento de esa convivencia. También en este caso hay que referirse a los llamados “líderes” de estas bases populares, tan errónea y convenientemente instalados en los inmorales negocios políticos con los primeros, o sea, con sus semejantes “adversarios”, en aras de un sustancioso y exclusivo provecho propio como clase. Esto precisamente nos conduce a las otras progresivas razones por las que las bases sociales de la “derecha” no salen a la calle: Porque no son convocadas, dado que el negocio político en que se afanan sus privilegiados “representantes” está en la generalidad de los casos y genéricamente hablando en franca contradicción con los intereses y el sentir que las realidades del entorno suscita en estas bases, y que son a fin de cuantas los únicos valederos y provenientes del ejercicio más elemental de la razón común como fuente única de la verdad de las cosas. No salen a la calle porque, aunque deseándolo vitalmente y necesitando otro tanto tal convocatoria, apenas tienen tiempo debido a que son básicamente y en aplastante mayoría el sostén, el motor económico de este país, razón por la cual apelan a las organizaciones y partidos establecidos para canalizar su participación en la vida política nacional. No salen a la calle porque su conducta social, derivada de su responsabilidad como clase integrada, condiciona en proporción una conducta individual que le dota de una madurez para tolerar, para tener paciencia en la procura de soluciones verdaderamente pacíficas y dilatadas en el tiempo, y sobre todo en la enorme paciencia que tienen al estar irremediablemente a la espera de la reacción de esa parte de la clase política menos mala, que siempre va a su saga o remolque por el conflicto que supone entre ellos la actual definición del sistema y muy sobre todo el actual funcionamiento de éste.
Es un inmenso error creer que porque unos salgan muy virulenta y violentamente a la calle y otros no, los primeros aventajarían a los segundos en la siempre probable expresión más física de este conflicto que nos desune y que no es otro que la misma guerra “interminable” en que vivimos. Es un grandísimo error creer que por estas manifestaciones unos son valientes y otros cobardes, tal y como lo vocifera la petulante y ruin propaganda que la izquierda pone en sus enardecidas bases. Si llegara el caso y el momento, los primeros correrían despavoridos ante los segundos, como elementalísima evidencia de esa curiosa naturaleza animal en que el más carente física y moralmente, es precisamente el que más chilla y gesticula.
Que nadie se confunda. Ésta es una guerra y no una guerra cualquiera ni nueva, sino la misma guerra de siempre donde los malos criminalizan justamente con su propia naturaleza a los buenos, y éstos son incapaces de hacer lo que tienen que hacer para desterrar este conflicto de una vez y para siempre de la sociedad española, por una simple y llana cuestión de error del sistema tanto en su planteamiento como sobre todo en su incongruente función. Que nadie se llame a engaño. Esto es la misma guerra de siempre que tiene una única solución, por la que tan esperanzadas y pacientemente esperan las bases sociales de la demonizada “derecha”.