HONDURAS: GOLPE DE LEY A UN GOLPE DE ESTADO.

 

         La ligereza con que los gobiernos de algunos países occidentales han condenado el impedimento realizado por el ejército hondureño, del golpe de estado y de sistema que ha intentado el señor Manuel Zelaya en Honduras, es deplorable y en algunos casos, como siempre, reveladora de los nexos y objetivos comunes de todas las formaciones de izquierdas en el mundo. Como precisamente de eso se trata, de un paso más hacia el establecimiento de una dictadura de fundamento marxista en ese país y de la derogación del actual régimen constitucional a través de la fórmula castrista del decretazo, todos los gobiernos de izquierdas o tendientes a ésta en el mundo, se han apresurado a definir como “victima de un golpe de estado” al emergente dictador de Honduras, el señor Zelaya.  Sin ir más lejos, aquí en España, la mayoría de los periódicos, consabidamente mediatizados por el gobierno ultra republicano de Zapatero, han tratado el hecho definiéndolo tergiversadamente como si de un “feroz golpe de estado” se tratara, “perpetrado” naturalmente por el siempre esgrimido fantasma de la derecha. Han llegado a decir que se trata de un golpe de estado realizado por los militares, por la preceptiva intervención del ejército, contra un “presidente” al que definen como “democrático” por haber sido electo en su día en las urnas. Como de urnas va el asunto, o sea, de impedir que estas puedan volver a elegir en un futuro inmediato una opción política diferente al eje de La Habana, y dado que la constitución hondureña limita los mandatos presidenciales para evitar el establecimiento de cualquier clase de dictadura, al emergente dictador de Honduras, con la ayuda de Cuba o más bien dirigido por los servicios de inteligencia de ésta, no se le ha ocurrido otra cosa que aplicar la fórmula venezolana de derogación del régimen libertario en su país. Ello ha traído como consecuencia, que el ejercito hondureño, que es el velador del cumplimiento inquebrantable de los preceptos constitucionales, lo mismo que cualquier policía en un país occidental vela y obliga al cumplimiento de la ley a sus ciudadanos, ha impedido a tiempo el proyecto liberticida del señor Zelaya con su oportuna y pronta intervención.

 

         Es muy importante señalar además, algo extremadamente clave que ha ocultado la prensa española, entre otras afines en el mundo. Y es que la intervención del ejercito se ha realizado de acuerdo a los dictamen de la constitución hondureña, tras el hecho de que el señor Zelaya ignorara la pronunciación contraria a su proyecto totalitario de la mayoría de los diputados de la cámara de representantes de ese país.

 

         Hay que entender que una democracia no consiste en el “vale todo” incluyendo la aplicación de políticas en su contra; sino que una democracia es un sistema político estructural y funcionalmente intocable, dentro del cual y siempre dentro de él, pueden realizarse prácticamente toda clase de políticas. Esto no era la pretensión del presidente Zelaya, sino la derogación impuesta y forzosa de semejantes reglas intocables. Como dijimos, la idea ni siquiera era de él, sino que había sido preparada por La Habana, apoyándose ya en el eje aliado creado con el mismo método en Venezuela, en Bolivia en Guatemala y en Nicaragua. Por eso, con toda la justificación y la legalidad del mundo, intervino el ejército hondureño. Por eso el eje de países castristas en Latinoamérica y todos sus aliados ideológicos en el mundo, se han puesto prácticamente en pie de guerra, sino literalmente en ello.      

 

         Ante esto, como era de esperar, la izquierda internacional, mayoritariamente en premeditada complicidad con todos estos regímenes totalitarios de fundamento marxista, valga la redundancia, ha aplicado su consabida fórmula propagandística de “definir al ladrón como si fuera la víctima y a la verdadera víctima como si fuera al ladrón.” Por ello han intentado tergiversar, disfrazar y darle la vuelta a los hechos, diciendo en sus medios de comunicación que “se le ha dado un golpe de estado al presidente Zelaya,” cuando ha sido precisamente este pretendiente a dictador de honduras el que ha intentado dar un golpe de estado a la democracia hondureña, por lo que, sencillamente, el ejercito de ese país se lo ha impedido.

 

Tras este intento de golpe al sistema de derecho hondureño, y que a nadie le quepa la menor de las dudas, está el castrismo con su famoso departamento América del DGI. Ellos han descubierto, tras largos y perseverantes años de incursiones subversivas en la América Latina, que pueden establecer una hoja de ruta hacia la imposición de la dictadura marxista en detrimento del sistema constitucional, toda vez que algún agente de izquierda, nunca mejor definido, llegue al poder vía electoral en una joven, inestable y vulnerable democracia de ese continente. Entonces esos servicios de inteligencia ponen a funcionar toda una maquinaria propagandista y de reordenamiento sociopolítico de los grupos sociales más desfavorecidos y vulnerables, a los que terminan convirtiendo en verdaderos ejércitos civiles dispuestos a represaliar a los demás, a reprimir todos y a todo cuanto se oponga al proyecto liberticida en cuestión. Con esta agitación idealmente subversiva se crea un marco cívico que “justifica grotescamente el proceso ante la hipnótica opinión del mundo. Todo un movimiento cívico artificial, en cuyo seno queda más o menos justificada la imposición de un plebiscito para cambiar de régimen político, proponiendo o imponiendo siempre el mismo sistema centralizado de moralidad absoluta e inamovible que transforma al presidente en dictador absoluto e intocable.

 

 Ante este órdago, que se disfraza siempre de “consulta democrática” de cara a una opinión mundial aturdida y completamente ajena a la realidad latinoamericana, los grupos e instituciones verdaderamente democráticos de esos precarios países, pueden verse ante el aprieto político de seguir ese juego tramposo con final apañado, por el mero hecho de los complejos en las apariencia del juego político habitual y rutinario. Es exactamente lo mismo que si intentásemos detener, razonando, a un asesino convulso y obcecado que ya tiene más que decidida nuestra liquidación. Si finalmente es esto lo que sucede con la oposición, en lugar de que ésta se alce en la defensa sin límites del sistema constitucional agredido, entonces el final de la libertad y el comienzo de la dictadura castrista está asegurada en esos países, en todos esos países donde se ha y se está llevando acabo este plan liberticida. Esto se ha convertido ya en un modus operandi completamente rígido y anunciado, practicado sistemáticamente por la inteligencia castrista en Venezuela, en Perú, en Bolivia, en Guatemala y ahora en Honduras. Su objetivo no se detiene en la simple imposición de la dictadura “bolivariana” o con algún que otro apellido exótico del marxismo cubano; sino que persigue crear ese eje imprescindible de países con el mismo sistema político ideológico que el impuesto por el castrismo a Cuba, en el seno del cual esta dictadura pueda sobrevivir eternamente, como pretende el tirano Fidel Castro, como han pretendido al fin y al cabo todos los dictadores en el mundo y en la historia.

 

 Ante todo esto, como siempre, los cómplices de estas dictaduras en el mundo, que no son pocos, le brindan toda la cobertura estratégica de su propaganda, desinformando y tergiversando completamente los hechos, para generar toda la opinión favorable posible a tales empeños liberticidas. En este caso, han hecho creer a sus respectivas opiniones, que “ha habido un golpe de estado en honduras contra un presidente constitucional.” Sin embargo nada más lejos de la realidad. Lo que ha sucedido en honduras es que un presidente que reivindica el establecimiento de una dictadura análoga a la de Venezuela y a la de Cuba, ha puesto manos a la obra en tal empeño y ha quebrantado la ley constitucional que impide la instauración de régimen alguno. Ante este delito de sistema, el parlamento hondureño se ha opuesto radicalmente sin lograr siquiera que Zelaya les escuche como representantes del pueblo que son. Entonces por ello y simplemente por ello ha intervenido el ejército de Honduras: para preservar el sistema de todos los hondureños, para defenderlo de la agresión, del ataque de los enemigos de la libertad en Latinoamérica.