La Constitución: unos festejos auspiciados por sus enemigos, con la soga en la casa del ahorcado.

   

         Fiesta, de la constitución. Evento que determina y define hasta el tuétano el sin igual conflicto de sistema que padece España, cuyo único motivo festivo para los españoles se ha reducido a la grosera perspectiva de no tener que ir a trabajar este lunes. Un pueblo dormido  cuya razón degenerada del sistema político en que vive constituye precisamente el centro de toda la subversión que le inflige todos los partidos de izquierdas para derogarlo, para fulminar semejante ley libertaria que tan diametralmente se opone a la implantación de ese sistema único de poder perseguido en toda la ruinosa historia que a ellas implica. Porque si para unos esta conmemoración implica avalar e incluso ya salvar el sistema occidental de derecho en España, para otros, los que ahora están en el poder de este país, significa la gran tarea pendiente de transformar subrepticiamente ese antagónico sistema libertario, centro de toda su “lucha” ideológica en la historia. Recuerden que desde el 11 de marzo de 2004, no han hecho otra cosa que socavar sistemáticamente la constitución, no han hecho otra cosa que tomar medidas e imponer leyes que van diametral y concientemente en contra de sus postulados, todo ello, para colmo de la burla y el agravante delictivo, mientras propagandizan demagógicamente en su “defensa,” arrastrando a una confundida mente social a la consabida campaña para su “reforma;” sí, ese término que en el idioma de todos esos antisistemas que lo propagan significan la derogación de todos esos preceptos que precisamente la hacen ser una constitución. En fin, que estamos ante una fiesta molestísima para este poder republicano que nos arranca literalmente todo derecho de libertad que hoy reivindicamos, ese nefastísimo poder culpable de todos nuestros males,  persiste en disfrazarse grotescamente de su defensor, pese a que le hayamos desenmascarado desde hace mucho, pese a tener en su mano la daga ensangrentada de la última puñalada que nos arremetió ayer mismo con la implantación de los comisariados de control público en el sistema político y en el sistema económico del país, entre enésimos ejemplos.   

 

         Por ello y para empezar, el mejor regalo que le podemos hacer a la constitución en su jornada festiva es el cambio urgente del gobierno de España, prosiguiendo obviamente por la clamorosa exclusión de todos los antisistemas del sistema libertario que pretendemos construir, lo mismo que de un cuerpo enfermo ha de extraerse un tumor incompatible con la vida.