Menuda panda de cobardes. Colocar un coche bomba en una universidad. Eso lo dice todo. Son infinitamente menos que la mierda, y su desaparición, no sólo de la vilipendiada sociedad española, sino respecto a la mismísima existencia física en el mundo, se hace vitalmente imprescindible. La suerte de estos miserables, es que España está indefensa, con la enfermedad antisistema que sufre, y no puede librarse de una vez de semejantes parásitos, con lo tremendamente fácil que sería. 

 

COCHE BOMBA Y SIN AVISO EN UNA UNIVERSIDAD.

 

SEÑALAMOS:

 

         Si no se acaba ahora mismo con ETA; ya mismo, con lo tremendamente fácil que sería, es simple, llana y probadamente, porque el PSOE lo impide.

 

Y no sólo lo impide, sino porque hace delictiva y subrepticiamente todo lo imposible por auparlos y mantenerlos en la contaminada vida política nacional, determinada de cabo a rabo por las ideologías de sistema; o sea, la mismísima guerra de siempre, la que impide toda libertad y derecho en España. Una guerra que muy particularmente el PSOE ha librado y protagonizado desde su fundación ( para ello surgió) hasta esta durísima actualidad que sufre España única y exclusivamente por la mano de los primeros. En este tristísimo panorama, la banda representa todo un aliado ideológico vital para el PSOE, a la que protege y favorece a toda costa, dada la imperiosa necesidad que de ella tiene para llevar a cabo la transformación del sistema social desde dentro, desde las mismísimas instituciones del estado; eso sí, aparentando con su propaganda demagógica que está a favor del estado de derecho y en contra de la ETA.

 

Que a nadie le quepa la menor duda: para los socialistas, que son los primeros culpables penalmente hablando de todos estos atentados, todo el panorama sociopolítico que han parasitado, especialmente desde el 11 de marzo de 2004, representa literalmente el nuevo “teatro de operaciones de guerra” en la procura irrenunciable de los mismísimos objetivos por el cual hicieron entonces la guerra civil. En esta nueva ofensiva a la que estamos asistiendo atónitos e indefensos, la ETA es un instrumento clave, todo un señuelo para imponer unas reivindicaciones históricas ciertamente comunes no sólo con la banda, sino con toda suerte de grupos de fundamento marxista que desde las autonomías, terminan por cubrir todos los flancos de acoso a la odiada nación Española y al odiado sistema de derecho. Créanos; se trata absolutamente de ello. Éste, los anteriores y los próximos atentados que cometa ETA, tan sólo son y serán meros recursos de presión en la inmensa metástasis que España debe suprimir de raíz, de una vez y por todas, si quiere que finalmente el bien triunfe sobre el mal.