El Partido popular gana nuevamente las elecciones autonómicas en Galicia. A diferencia de entonces, ahora gobernará finalmente, como le correspondía.  

 

Y es que a decir del PSOE y del BNG, al final, el tramposo siempre cae en el pozo.

 

Touriño y Quintana, confabularon en las pasadas elecciones gallegas para robar, literalmente hablando, aquellos comicios ganados claramente por el PP. Fue a todas luces, un fraude abominable  cometido sobre la voluntad del pueblo gallego que dio como resultado una legislatura fanáticamente antisistema, convulsamente corrupta y desde luego, gravosamente inmovilista, caótica y retrocediente. Ellos han sido para Galicia lo que Zp para España. Todos ellos, entiéndase por su naturaleza egocéntrica y egoísta, y por sus prácticas de poder incompatible con la constitución y con los derechos elementales de los españoles, suponen el grave problema, el gran y único impedimento para que el sistema de derecho simplemente funcione en España. A dios gracias, que el tiempo pone a cada cual en su sitio y finalmente estos farsantes han quedado fuera de la vida política gallega.

 

Pues ahora gobernará el partido que ganó las pasadas elecciones, el que debía haber gobernado entonces. El pueblo gallego ha hablado replicando aquel insultante timo. Ahora queda nada más y nada menos que reparar todos los despropósitos cometidos desde entonces para anular el sistema de derecho en Galicia y para adoctrinar en la ideología ultra marxista a los gallegos, a las nuevas generaciones de gallegos sobre las que más se han cebado. Ahora queda desmontar todas las llamadas “galoescolas,” verdaderos centros para desvirtuar el conocimiento y la personalidad de los jóvenes; ahora queda liquidar el apartheid de la lengua impuesto por el BNG, ese brazo político e ideológico del otrora movimiento guerrillero de liberación, lo cual delata su condición a ultranza de vulgares y fanáticos filocomunistas; ahora queda derogar el proyecto de esas embajadas gallegas en el mundo, con que pretendían negar la indudable hispanidad de esta comunidad de España; ahora queda prohibir en esta comunidad española la gravosa “educación para la ciudadanía,” con que pretenden no sólo desvirtuar la memoria y la verdad sobre las cosas, sino la mismísima moral de los adoctrinados incluso en los términos más íntimos; ahora queda desalojar a los antisistemas de las instituciones gallegas y queda pedirles cuentas con la justicia por todos los agravios y delitos de sistemas cometidos en aras de su enriquecimiento personal, y en aras de su irrenunciable fórmula de poder que les lleva a venerar y a actuar siempre en complicidad de todas y cada una de las dictaduras marxistas del mundo. Ahora queda trabajar por Galicia, lo que significa ante todo curarla completamente de sus mortales enemigos. Adelante pues, Galicia. Arriba con y por España.