EN EL MATADERO DE LOS CERDOS

Colombia ha hacho muy bien, en emprender una acción amada contundente contra la narco-guerrilla-terrorista, valga la redundancia y también la puntualización, aliada ideológica e históricamente con Castro y ahora con Chávez de la mano naturalmente del primero. Literal y matemáticamente hablando, todos ellos son astillas de un mismo palo, con objetivos, con métodos y con una naturaleza común. Todos ellos son, matemáticamente hablando, los parásitos de la América, culpables de principio a fin de todo el mal que ella padece y que le impide seguir el más que posible e imprescindible camino del primer mundo.
Este ajusticiamiento, nunca mejor usado este término más que habitual en la propaganda de los antisistemas, de esos asesinos y chantajistas de las llamadas o autollamadas FARC, ha venido muy oportunamente, como anillo al dedo, para desenmascarar el esperpéntico circo que desde La Habana para el mundo estaba orquestando el zombificado tirano de Cuba, al escenificar la “mediación” del camarada Chávez con el camarada “Tirofijo,” en la supuesta liberación de rehenes. Todo un montaje preparado precisamente por estos tres acérrimos enemigos de la libertad en la región y en el mundo, para encajar una imagen pacificadora y de “buena voluntad” en la retina hipnótica y crédula del mundo entero. Esta farsa de “negociadores” y de “liberadores” no era más que toda una operación de imagen vital para el Gorila Chávez y para la insurgencia asesina en Colombia, que se había ideado en La Habana y que era señalada por ésta como una estrategia de inteligencia imprescindible para sus planes de expandir el castrismo como un solo eje por toda la América latina. Nada nuevo, pero sí algo muy posible ahora, a diferencia de cualquier tiempo pasado. Vivir para ver.
Pero hablamos de Castro, y en el modelo de inteligencia de guerra que siempre ha aplicado sobre todas las cosas, lo mismo que en el matadero de los cerdos, todo está previsto y todo se aprovecha. La inevitable y acertada acción armada de Colombia sobre sus asesinos ha sido utilizada para generar una escaramuza de guerra por parte de los aliados y patrocinadores de este mal. Ya han comenzado a concentrarse en ella las tropas de la cubanizada Venezuela y no pocos escuadrones camuflados de tropas castristas, para darle un empujón, con los métodos de siempre, con el terror y con la imposición de la fuerza, a los planes que en estos momentos el tirano Castro está llevando acabo en toda la América a través de su adlátere, el impositor de Venezuela. Que tome buena cuenta de ello el mundo, siempre idiota o conscientemente ajeno al más grave conflicto de sistema que corroe las entrañas de la América. “Suenan trompetas de guerra,” sí, y es el momento propicio para hacer que el tiro de esos asesinos de los pueblos le salga contundentemente por la culata si el primer mundo acude, de una vez, a ejercer su responsabilidad globalizadota del sistema de derecho y de la libertad, de esa libertad que hoy más que nunca reivindica la América ante estos dictadores, ante éstos, los culpables de todas las desgracias que allí se sufren.