TRAS ZELAYA, TODA LA EXPLICACIÓN DE LOS HECHOS.
Zelaya es un plan castrista, una hoja de ruta marcada y preparada de principio a fin por el departamento América de la Dirección General de Inteligencia del régimen de Fidel Castro.
Un análisis global de la situación en Honduras.
El castrismo nunca, jamás de los jamases, ha dejado al azar su destino, ni lo dejará. Todo cuanto ocurra en el mundo, que le concierna directa o indirectamente, será siempre objeto se su presencia fundamentalmente subversiva, para influir, para manipular, para reconducir, para descarrilar el evento, si es en su contra o para llevarlo impositivamente a término, si es en su favor y en su interés. Hay que añadir a esto, que toda la experiencia histórica de los eventos a su favor en el mundo no han sido nunca fortuitos, sino que han sido siempre generados, impulsados, realizados e impuestos por el propio régimen siempre a través de su omnipotente aparato de inteligencia. El objetivo de todas y cada una de estas incursiones por el mundo es simple y llanamente hacer sobrevivir el régimen dictatorial, cueste lo que cueste, así tengan que anegar en sangre la isla, como han declarado abiertamente en más de una ocasión.
Ante esta realidad, criminosamente incomparable, el mundo occidental ha permanecido y permanece generalmente impasible, sea por desinformación, sea por desinterés o sea por literal cobardía, amen de la peor de las causas: la complicidad incondicionalmente ideológica de los grupos afines que operan internamente, en el seno de tales democracias.
Todo ello conforma sin más la explicación de cuanto está ocurriendo en estos momentos en la América Latina y de cómo lo aborda y lo permite ese mundo occidental, manifiesta y teóricamente responsable de impedirlo.
Así pues tenemos que todo cuento está ocurriendo con la expansión de la ideología ultraizquierdista en ese continente y el cómo se comunica a la opinión de occidente, constituye el caso más excepcional de subversión y expansión del régimen castrista en pos de tales menesteres.
Ninguno, absolutamente ninguno de los “presidentes” de países sudamericanos que en estos momentos están planteando la deriva constitucional hacia el centralismo marxista, han llegado al poder por sí solos y menos aún han planteado tal política por iniciativa propia, sino que han sido apadrinados, aupados al poder y asesorados en todo momento de los pasos a emprender hacia el establecimiento de tales dictaduras, por el “Departamento América,” de la Dirección General de Inteligencia de Fidel Castro. Todos ellos sin excepción, han vendido al castrismo tanto su alma como su país, a cambio de disfrutar de un sistema que les perpetúe en el poder. Es literalmente el caso que ahora toca en la “figura” de Zelaya, en Honduras. Este tiranuelo, como ya dijimos en artículos anteriores, pretendía perpetuarse en el poder pisoteando el precepto constitucional hondureño que establece la limitación del ejercicio de todo poder público político, fundamentalmente de la presidencia de la nación. Como es de entender, lo que no cuenta la prensa afín al castrismo en el mundo y que en España supone prácticamente toda en estos tiempos que corren, es que la cámara de representantes hondureña le advirtió reiteradamente al entonces presidente Zelaya, de que semejante pretensión incurría en un delito constitucional y en causa más que suficiente para mocionarle apartándole del poder por la fuerza si fuera necesario. Si Zelaya estuviera en ese momento sólo o si tal pretensión dictatorial se le hubiera ocurrido a él solo, que a nadie le quepa la menor duda de que en estos momentos estuviera aun en la presidencia agotándola dentro del presente marco jurídico constitucional y libertario, pues habría desistido ante el pronunciamiento unánime del parlamento hondureño; pero Zelaya no estaba solo y tal proposición de perpetuamiento no se le había ocurrido ni por asomo a él; sino que había sido completamente pactada y planificada con La Habana. El DGI se encargó de establecer toda la hoja de ruta que hoy estamos viviendo y que pretende culminar con la vuelta de Zelaya, ya lo suficientemente reforzado para derogar la constitución hondureña.
Si en aquel momento en que Zelaya desveló su plan liberticida en la cámara y ante el pueblo de Honduras, éste “hubiera colado” como se dice vulgarmente, pues tendríamos hoy lo que se pretende: la cubanización de Honduras vía experiencia venezolana. Si por el contrario las consecuencias a tal anuncio fueran las que finalmente tuvo, o sea, la inevitable expulsión de Zalaya por la mismísima cámara de representantes del pueblo hondureño, bien hay que decirlo, de forma unánime, entonces se emprendería la misma fórmula usada para la vuelta de Hugo Chávez en Venezuela, que naturalmente terminaría en la instauración del “régimen bolivariano, democrático popular, progresista o como decidan llamarle, de Honduras.” De hecho, es esto literalmente lo que está ocurriendo o lo que se está tramando en estos mismos momentos en que escribimos.
El eje y principio de todo este plan de inteligencia está en el hecho de que Zelaya como presidente de Honduras plantea la derogación constitucional como un asunto interno y naturalmente ligado a la consabida propaganda ideológica de la izquierda que criminaliza al sistema de derecho, mientras que como reclamante de esa presidencia desde el exterior de honduras, apela literalmente en su discurso para el mundo a esa misma constitución que él pretende fulminar. Este engaño descomunal sumamente evidente, constituye una vieja fórmula propagandística que siempre trastoca la rígida mentalidad política de occidente, siempre desconocedora de la verdadera naturaleza y de la capacidad camaleónica del mal que la amenaza. Analógicamente, es como si un niño que apenas razona básicamente entre el bien y el mal, se encontrara de golpe a adulto delincuente que quisiera quitarle un caramelo.
Pues de esta forma, todo cuanto ha ocurrido, está ocurriendo en Honduras y todo cuanto ocurrirá, está previsto por ese plan establecido por La Habana para posicionar a Zelaya como presidente satélite de su régimen. La trama prevista ha sido y es la siguiente:
1-Imposición de Zelaya, de un plan derogatorio de la constitución hondureña que comienza con su mandato ilimitado como presidente y con una prerrogativa legislativa única que deroga a la cámara de representantes del pueblo hondureño.
2- Ante la oposición unánime del senado hondureño, los servicios de inteligencia de Castro comienzan a organizar y a captar a los seguidores de Zelaya, que no son otros que todas las asociaciones, individuos y partidos de extrema izquierda que siempre han querido llevar a cabo en Honduras, la experiencia de la guerrilla marxista de Fidel Castro en Cuba. Se comienza también a captar a la población, reclutándola en escuadrones urbanos perfectamente organizados, y con ello se comienza toda una campaña de presión social en contra de esa pronunciación legítima de rechazo de la cámara al Plan de Zelaya.
3- Ante la más que previsible expulsión de Zelaya de la presidencia mediante una moción completamente legal por su total incompatibilidad con la constitución, se desata toda una campaña propagandística y desinformativa en el mundo en el mundo para definir a tal rechazo como un “golpe de estado militar.”
4- Esgrimiendo tal definición, se intenta lograr el posicionamiento político a favor de Zelaya, de todas las organizaciones de países internacionales y de la mayoría de los países occidentales, amén de toda la vilipendiada opinión de la América Latina.
5- Se presenta entonces a Zelaya ante el mundo como “un presidente constitucional en el exilio,” que ha sufrido tal “golpe de estado” y por tanto el “único presidente legítimo de honduras.”
6- Lograr entonces finalmente la definición propagandística, de la moción constitucional de la cámara hondureña al pretendido dictador Zelaya como “golpe de estado,” a través de la pronunciación directa y favorable de esos grupos de países y de esos gobiernos occidentales circunstancialmente afines, como es el caso excepcional de España. Tal pronunciación se ha logrado indirectamente de la mano de los castrista en la OEA, en la ONU, en prácticamente todos los gobiernos latinoamericanos y hasta en los occidentales.
7- Lograr como nunca el eco propagandísticos a teles fines, de toda la prensa ideológicamente afín en el mundo, fundamentalmente en esos países de occidente que albergan en su seno conflictos de sistemas al día de hoy incurables mediante el consenso.
8- Generar en paralelo toda una agitación social e ideológica de la desinformada población hondureña, siempre a través de núcleos de férrea militancia tal y como formaron hace muy poco las brigadas bolivarianas en Venezuela.
9- Generar los enfrentamientos violentos de esos núcleos de población, al día de hoy ya organizadas en verdaderas milicias urbanas, con las fuerzas y cuerpos de seguridad y con las instituciones del estado hondureño, para alimentar la desinformación y el golpe emocional en la prensa afín en el exterior, o sea, en todo el mundo.
10- Preparar entonces el recibimiento de Zelaya como “presidente de Honduras” por todos y cada uno de los testaferros de Fidel Castro en la América Latina, en incluso en las organizaciones de países de la América.
11- A la par de esta actividad “diplomática y propagandística de la prensa,” generar un golpe de efecto y de presión con el mitin y el amago de enfrentamiento personal de Zelaya en la frontera de Honduras con la policía de aquel país, tergiversada a tal propósito como si fuera el ejército de Honduras.
12- Con tal grado de presión interna y externa, proceder a la entrada clandestina de Zelaya a Honduras, lo cual se hizo hasta el mismísimo corazón de Tegucigalpa, sin ser detectado ni por la policía ni por los servicios de inteligencia de aquel país.
13- Asilarle entonces en la embajada de Brasil, con cuyo gobierno el DGI concertó previamente tal operación, aprovechando la procedencia ultra sindicalista de su actual presidente.
14- Instaurar entonces la embajada de Brasil en Honduras como cuartel general, como punto de revuelta, para el alzamiento interno de todas las brigadas ideológicas crecientemente organizadas por el DGI, con el objetivo de arrastrar a la mayor cantidad de población de honduras y colocar en estado de crisis y a la defensiva al actual gobierno provisional hondureño.
15- Creer con todo ello una crisis política nacional e internacional e intentar lograr, de ser posible, toda una revuelta nacional en Honduras que no sólo desestabilice al gobierno, sino que lo haga directamente sobre el sistema político que lo rige. Si esta revuelta tuviera más éxito que el esperado, haciendo derribar al gobierno de Micheleti, entonces se instauraría directamente, aprovechando tal coyuntura, la revolución hondureña.
Todo cuanto ha ocurrido hasta la fecha y lo que va a ocurrir prontamente, son acciones que ningún político en el mundo por sí solo puede llevar a cabo si no cuenta con un complejísimo entramado de apoyo que lo haga posible y muy sobretodo, que lo garantice sin peligro alguno para su integridad física. Hoy por hoy, los únicos que pueden hacer posible tal periplo con tales garantías son unos servicios de inteligencia muy fuertes y muy experimentados en tales operaciones. En este momento, ningún servicio de inteligencia en la América latina ni de ningún gobierno de ésta puede garantizar tal experiencia como lo hace el omnipresente y todo poderoso “Departamento América del DGI castrista.” Ellos y sólo ellos son los artífices de cuanto está ocurriendo en Honduras al día de hoy. Ellos y sólo ellos, son los autores de todo este plan, de lo que va a ocurrir.
Que a nadie le quepa la menor deuda que si algunas de estas efemérides implicara riesgo real para la vida de Zelaya, o para su libertad, éste no las emprendería en lo absoluto. Ya sabemos que el bravucón sólo vocifera cuando tiene apoyos temerarios y sólo se decide a atacar cuando la víctima yace indefensa y previamente fulminada por esos apoyos.
Pues en este momento, ante las revueltas provocadas por la presencia de Zelaya en la embajada brasileña en Honduras, ante la presión política internacional sin precedente que ha logrado el castrismo a través de sus aliados, en la región y en el mundo occidental, la hoja de ruta es la que resta es la sigue:
16-Si no llegara directamente la revolución en Honduras con la situación creada, entonces Zelaya intentará forzar a una negociación con Micheleti, que representa en estos momentos al parlamento constitucional de hondureño, por más que la prensa contraria lo tilde injuriosamente de golpista. Lo hará con la ventaja política que le dan tanto las revueltas internas instigadas indirectamente por él, como con la presión internacional que recibe en estos momentos dicho parlamento.
17-Zelaya pactará entonces su vuelta con ese parlamento de Honduras acorralado por lo “políticamente correcto,” bajo la falsa promesa de Zelaya de que no seguirá adelante con su plan de derogación constitucional y de perpetuamiento de su poder.
18-La Cámara cederá entonces y la vuelta de Zelaya se organizará bajo un despliegue propagandístico nacional e internacional sin precedentes, que no sólo ocultará la falsa promesa dada a Micheleti como causa única y real de tal vuelta al poder; sino que presentará a tal restitución como un reconocimiento del parlamento de Honduras, en la persona de Micheleti, de todo cuanto Zelaya ha reivindicado hasta este momento, incluido naturalmente su plan derogatorio de la constitución.
19-Entonces se presentará a Zelaya como un presidente victorioso contra el que nadie puede y se continuará con el plan derogatorio que dio precisamente origen a su salida, esta vez más reforzado que nunca y apoyado por una población crecientemente organizada por los servicios castristas ya como partido único. NI MÁS NI MENOS QUE LO QUE OCURRIÓ EN VENEZUELA; ni más ni menos que la vieja fórmula con que en esencia Fidel Castro derogó en 1959 el programa político que reivindicaba su “Manifiesto de la Sierra,” por el que había recibido los apoyos necesarios para llegar al poder.
Ya ven, se trata simplemente de más de lo mismo. Y es que prometer y no dar siempre a los tontos engañará, que es esencialmente en lo que consiste este repetido plan.
Recuerden queridos lectores, que en la ciencia criminológica siempre que el modus operandi tenga buenos resultados y buenas garantías, será literalmente repetido mientras no encuentre una resistencia que lo inhabilite. Estamos manifiestamente ente el mejor de los ejemplos.