EL COMENTARIO
Y no podía ser de otra manera. El lobo, aunque se disfrace de cordero, lobo es y será. Y el ya eterno conflicto de sistema que tiene el mundo y que le lastra en su intento de progresar en los derechos humanos, ha sido especialmente la mentalidad impositora sin límites de ese engendro bolchevique que, perdurando en la historia de diversas formas, llega a nuestros días con un esperpéntico y delatador disfraz de democracia. Pero que nadie se llame a engaño. Es el mismo monstruo de siempre, es el mismo perro con no muy diferente collar, es más: son literalmente los mismos personajes que antaño impusieron el comunismo a ese sufrido pueblo y que hoy disfrutan igualmente del mismo nefasto poder. Es, sin más, la consecuencia de permitir que semejantes asesinos de la libertad se erijan en la fraudulenta transición como “paladines” de ella. Tomemos ejemplo. Ahí está el mundo lleno de precedentes. Por ejemplo, sin ir más lejos, ahí tenemos el caso de España, con su pro soviética guerra civil determinándola en nuestros días hasta el tuétano. Escarmentemos pues por cabeza ajena. Aprendamos de la historia y evitemos esto, de la única manera que es posible evitarlo, en una futura cuba libre.