“LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES”.

 

 

 

         Es imposible contar las veces en que un político, tanto da si de la cola o de la cabeza de un determinado partido o gobierno, dice, profiere, expele insultantemente sobre la sociedad, una manifiesta necedad y luego, para colmo e invariablemente, se queda tan “ancho, campante y satisfecho”, como si hubiese pronunciado la sabia palabra divina.

 

         Desde luego, que entre su propio mundo enajenado y distante no sólo de las realidades sociales sino del conocimiento genérico de las leyes que la determinan a cada momento, y entre las hipócritas palmadas que invariablemente dan en su espalda sus vasallos, si no igualmente ignorantes, sí todos unánimemente sumisos y sumidos en el infame mercadeo del poder, el primero se hace repugnantemente crédulo y mucho más engreído, de haber dicho semejante necedad como algo excepcionalmente valioso o importante. Eso ocurre en su mente embelesada, donde su patológico trastorno convierte a su mísero mundo en algo manifiestamente insuperable; y sí, desde cierto punto de vista, no poca razón le falta.  

 

         Ciertamente escuchamos enésimas necedades a diario, proveniente genéricamente de esta “clase”, y concretamente dentro de ella, de esta clase de energúmenos; pero la mayoría de estos engendros y de sus impúdicas azuzadas, proviene siempre de las mismas formaciones y personajes con naturaleza histórica de antisistema (entiéndase contra el sistema de derecho socioindividual) adquiriendo semejantes necedades el perfil literal de un arma arrojadiza en sus maniobras y cruzadas internas para desmontarlo, paso a paso, poco a poco, e instaurar en su lugar ese único sistema de poder soñado, frustradamente perseguido en la historia y reflejado al detalle en todos esos regímenes absolutistas del mundo que han cargado, cargan y cargaran siempre contra nuestro sistema de derecho como imperativo elemental de su mera supervivencia.   

        

         En cambio y referente a la más estricta realidad, tales palabras, necias o malvadas, no son más que un absurdo por la absoluta falta de correspondencia con ésta, y sólo adquiere una explicación coherente, un significado claro como tal, en la mente capaz de enésimos individuos ciertamente inteligentes que dentro de las bases sociales confieren a éstas su genérica sabiduría. Son, por consiguiente ellos y sólo ellos, los que señalan, los que descubren, los que denuncian los verdaderos sentidos que tienen las pretenciosas declaraciones de los primeros,  definiéndolas, por tanto, como lo que realmente son: unas necedades; unas tropelías, unas vulgares maniobras para adoctrinar, para confundir, para dirigir, para controlar a una sociedad civil que supone el centro permanente de su lucha, de la misma lucha de siempre; siempre en aras de esos intereses históricos incompatibles con la cinética social más natural e incontrolable, con el resultante sistema de derecho. 

 

         Así pues, el “ilegítimo presidente de España,” sin mejor calificativo personal, “profesional” y político que “ZP”, se ha quedado embelesado en la abyecta gloria que le permite su intelecto y su naturaleza, al azuzar como reivindicación propia, sobre el gravemente herido pueblo español por los atentados del 11M, nada más y nada menos que los objetivos ideológicos de éstos, que son los históricamente propios de semejante usurpador resultante del incomparable crimen que le involucra, ya que los objetivos políticos se lograron en el acto, precisamente de la mano de este impostor beneficiario, realizados a través de toda una campaña moral a favor de los causantes de tanto luto nacional, en pleno acto de dolor, de despedida y de reflexión por parte de la víctimas: el heridísimo pueblo español y el aún primitivo sistema de derecho en que intenta vivir. Sobre todo el segundo, objetivo histórico tanto de todos los atentados sufridos, como de todas las necedades derogantes y saboteadoras que esgrime parasitariamente el aupado “presidente” en pos de la derogación del sistema, en pos de la imposición de los objetivos históricos con que la formación que él representa ha practicado impunemente en toda la historia reciente de España el crimen y la conspiración constante contra nuestros derechos, convergiendo en todas sus esencias con las mismas razones de todos los grupos antisistemas del mundo y de la historia moderna. Tal convergencia es la emanante, la causante del tema denunciado en este artículo. Hablamos pues de “La Alianza de Civilizaciones,” citando una de tantas aberraciones de la razón.

 

         La expresión “La Alianza de Civilizaciones”, no salió, al principio, de la boca de ZP con seguridad psicológica, exactamente lo mismo que el que responde a una pregunta a ver si “cuela” y queda a la espera de ver si se acepta como respuesta, para entonces, envalentonado o ya seguro personalmente hablando, volver a repetirla con seguridad y argumentarla con toda suerte de necedades y disparates, confiado de que al igual que su enunciado, serán igualmente aceptadas.

 

Así pues, nació la coletilla de “La Alianza de tal y tal..” naturalmente ante la expresión anonadada, impotente y enmudecida convenientemente por los males del sistema, de un pueblo en luto, para que ZP, en un principio, tuviese una iniciativa, con absoluta seguridad “soplada” desde el “pupitre” contiguo, con qué presentarse al mundo como figura política, antagonista en el fuero de una gran masa adoctrinada, y “moderadora,” en la procura de embaucar a la que no lo está, con qué erigirse a fin de cuenta en un oponente “occidental” a occidente, pretenciosamente a la altura del máximo representante de su gran enemigo histórico: Los Estados Unidos como innegable baluarte de ese sistema molesto, y su líder del momento ejecutando una inevitable política de guerra de sistema en el mundo, comenzada, alentada y siempre anhelada por los enemigos de la libertad en el mundo, entre ellos y por el devenir histórico de lo que representa, en la experiencia nacional e histórica española, el propio “ZP.”

 

Y es que ZP se presenta ante el mundo, al igual que ante la sociedad española, como un “líder” moderado, portador del bien, o mejor expresado, “del bien absoluto”, como versa la elementalidad de la estrategia ideológica de las izquierdas, ya universalmente hablando, para trasladar al seno de las sociedades civiles, siempre cinética e empíricamente a la procura de alcanzar mejores modelos de libertad socio individual, toda una guerra sociológica destinada a impedirlo. La razón es elementalmente sencilla, y está en la propia e invariable historia de todas las formaciones de izquierdas del mundo, que no es otra, por los objetivos y conceptos de poder que procura, que exactamente la misma historia de todos las formaciones, tendencias y regímenes absolutistas de la historia de la humanidad, desde el otrora comunismo hasta los regímenes islamistas de siempre; desde los nacionalismos hasta las dictaduras unipersonales latinoamericanas.  

 

Todos ellos históricamente, hurgando criminosamente en el seno de las sociedades y pueblos, siempre, pero siempre siempre, invariablemente a la procura de un objetivo común, de un único objetivo común: el de un poder eterno, el de un poder inamovible, el de un poder incuestionable, el de un poder impermeable. Y esto es, literalmente hablando, lo que encierra, lo que esconde, lo que trama, lo que espera que resulte de la realización de ese frente propagandístico, de ese frente propagandístico echado a rodar no ahora sino desde siempre, con los métodos de siempre, sólo destinado a occidente, a su opinión, a sus bases sociales no adoctrinadas, con “La Alianza de Civilizaciones”.

 

La campaña de La Alianza de tal y tal, tiene como objetivo el conseguir que las opiniones de los países occidentales no sólo se opongan a una política de legitima defensa en la guerra de sistema que siempre ha librado contra éste todas esas formaciones de las que ZP es sólo un referente ocasional, para mayor de sus desgracias. La Alianza de tal y tal, tiene cono objetivo que esa facción fanáticamente anti sistema que parasita  las sociedades camino de las libertades, junto al resto mayoritariamente sano de sus ciudadanos en menor o mayor grado confundidos por la cualidad técnica de las campañas en cuestión, criminalice a fin de cuenta al sistema occidental, peyorativamente definido desde la primera, sobre las grandes mentiras históricas que ha fabricado sobre su locomotora: los estados unidos. De este modo, no sólo se anula la capacidad de reacción de occidente ante la ofensiva física que particularmente el islamismo ha emprendido contra éste; sino que se hace llegar al trastocado sentido del bien y del mal del hombre de base de la sociedad agredida, el mensaje de que todas las acciones de guerras cometidas por el islamismo en sus respectivos países, como todas las que eventualmente pudiera acometer, son innegablemente legítimas precisamente por la definición ideológicamente criminosa que éstos, sus aliados infiltrados y camuflados en su seno, en este caso representados en la persona y facción que representa ZP, han fabricado sobre el sistema que tan erróneamente los cobija.

 

Pero, ¿ por qué el islamismo arremete contra nosotros.? Pues nada más y nada menos que por una muy simple, llana y sencillísima razón. Y es que el individuo de sus pueblos, en el más estricto sentido individual y psicológico del llamado ser sociológico o ser social, hará por naturaleza, por el más elemental instinto natural y subconsciente, todo lo posible o lo que es lo mismo, se moverá, reflejará, reaccionará, ante la experiencia y referente de ese sistema nuestro que permite a sus individuos las libertades que a él le son férreamente negadas, siempre en aras de ideologías absolutistas tanto da si religiosas o marxistas. Ese, queridos lectores, es el centro, la llaga, la esencia de este y de todos los conflictos de sistema que han provocado, provocan y provocarán las guerras frontales entre un mundo de libertad que necesita defenderse, y otro de opresión que necesita invadir, dado el letal fenómeno de comparación que supone el primero para el segundo. Al final, todo se reduce a una comparación que echa abajo toda la mentira con que el islamismo, el comunismo y los nacionalismo y todos los sistemas absolutistas embaucan a los pueblos para eternizarse en los poderes. Este es el eje, el centro, la esencia y el motivo único, descarnadamente único motivo que se esconde tras las escaramuzas argumentales, tras las perennes campañas de manipulación y desinformación sociológica con que los enemigos internos del sistema de derecho, alojados y camuflados de él, actúan día y noche a favor de esos sistemas de opresión enemigos que necesita destruirnos a toda costa para poder sencillamente existir, y cuyos ejemplos anhelan instaurar en nuestros países todas esas facciones  afines y cómplices, solidarias y hermanadas ideológica e históricamente con todas esas dictaduras, de las que ZP y el grupo que representa han sido siempre su máximo exponente en España. Por ello y sólo por ello es que nace, sin más, la llamada y nada novedosa campaña de “La Alianza de Civilizaciones.”

 

Por tanto, “La Alianza de tal y tal..” está muy pero muy lejos de ser lo que moralmente proclama en términos formales, valiéndose de ese gran recurso de confusión, en extremo efectivo, que supone la definición absoluta, idílica y abstracta del bien y del mal, y que no por casualidad representa el eje moral de todas las ideologías de las dictaduras absolutistas. La Alianza de tal y tal, no es más que un recurso, que una estrategia literalmente de guerra psicológica ejecutada en el seno de una sociedad civil con graves carencias funcionales del sistema que la conceptualiza en sus cartas magnas, cuyo defasaje o cuya incongruencia es precisamente lo que hace posible que semejantes cómplices actúen impunemente en ella, en su contra. Ello, junto a otros actos ya de abierto desagravio, ya de abierta provocación, y sobre todo ya no de simple propaganda sino de abierta acción derogante a favor de nuestros enemigos externos y de ellos mismos, ubicados claramente como tales. Una manifiesta condición de enemigos, de acérrimos enemigos de la sociedad de derecho y de su forma de expresión: la democracia, definida o explicitada muy claramente, por citar algunos ejemplos, en la irreverencia a la insignia norteamericana en el tradicional desfile de los ejércitos; manifestada muy claramente en la extracción de las tropas españolas de Irak, con el objetivo, entre otras cosas, de debilitar al frente occidental que allí trabajaba en la liberación de un pueblo; manifestado en la instigación de un desmembramiento nacional, en la procura de la extinción del estado español; manifestado muy claramente en el apoyo manifiesto y los favores de toda índole realizados a la dictadura Castrista en el seno de la Comunidad Europea; manifestado muy claramente en el apoyo incondicional a todas las dictaduras emergentes en la América Latina; manifestado muy claramente en la reivindicación delirante del triunfo de una guerra literalmente análoga a la que libran contra nosotros los islamistas, alojada perniciosamente en España desde 1934 hasta la fecha y que representa la prueba más rotunda e histórica de una naturaleza incompatible con el sistema de libertad; manifestado ya por excelencia en la clara implicación de estos grupos en los atentados del 11 M; toda una implicación manifiesta y probadísima, en la preparación, ejecución y posterior encubrimiento de los atentados del 11M; manifestado, a fin de cuentas, en lo que encierra, esa campaña llamada “Alianza de Civilizaciones.”

 

Todo ello, sin más, es constitutivo del más alto delito penal, moral y criminal, que pudiera concebirse en toda la historia de España y de muy buena parte de la humanidad, en toda su historia, contra los más elementales derechos indiscutibles de ésta. Si “ZP” y sus compañeros de pupitre, desde el PSOE hasta la ETA, no son fulminantemente juzgados y condenados por todos estos hechos más que evidentes y probados, es por que precisamente todos esos enemigos del sistema de derecho, fuertes sin dudas en ese pulso constante que intenta derribarlo, se ocupan muy mucho de impedir, cuanto menos, que éste funcione en todos sus frentes. Se trata pues de ese mismo grupo de impositores de siempre, que sabotea de manera constante tanto el debido funcionamiento de las instituciones como los derechos más elementales de las bases sociales, siempre en invariable favor de esa imperancia absoluta y enfermiza, siempre en pos de la imposición de una reglas arbitrarias que les ponga en la senda de ese único sistema de poder concebible e históricamente perseguido y soñado, soñado, deseado y codiciado en esos nefastos ejemplos que hoy, como entonces y como siempre, siguen siendo el más grande y grave impedimento que tiene la humanidad en su tortuoso camino hacia el único sistema posible: la también soñada y lejana plena sociedad de derecho socio individual, donde ninguno de sus enemigos, incluyendo al final al insignificante “ZP”, tiene la más mínima cabida.