"LA LIBERTAD NO SE ESPERA IMPASIBLE; SE CONQUISTA CON EL ÚNICO LENGUAJE QUE TEME QUIEN LA SECUESTRA."

 

Castro ya no es nada. Ahora, literalmente, es sólo un nombre, un símbolo para toda la izquierda antisistema del mundo y, para su régimen, el clavo ardiendo al que se agarra, al que se aferra su cúpula. Operativamente es ahora un cero a la izquierda, y todo el mal que pueda producir desde ahora, en el sufridísimo pueblo cubano y en los indefensos pueblos latinoamericano, está en forma de testamento, en forma de instrucciones clara a seguir tanto por esa cúpula impenetrable que le acompañó siempre, como por su más preciado fruto de última hora, el tirano de Venezuela Hugo Chávez. De la mano de ellos queda, a partir de ahora, la continuidad o no, de semejante forma de dictadura sin igual, lo cual ciertamente, será seguida sin límites por el segundo. Por cierto y apropósito, éste, que va casi a diario a La Habana a recibir instrucciones del ya cadáver, ha dicho que al tirano entre tiranos le han cambiado toda su negra sangre, naturalmente expresado con palabras benevolentes y venerantes; y sí, para ello tiene este monstruo entre los monstruos un suculento banco de sangre y de órganos que extrae de los cuerpos aún con vida de los presos políticos que ha fusilado sin la inmutación del mundo. Sangre que les extrae incluso antes de ser acribillados, con el pretexto de que les suministrarán un sedante, lo que ni siquiera cumplen.

 

Pues bien, Castro es ahora el mismo problema de siempre. Nada nuevo y del mundo no debemos esperar más que la actitud cobarde del invariable mercadeo político con que se han conducido, por una u otra razón, los diferentes países occidentales en cuyas manos han estado siempre la erradicación de nuestro mal, de aplicar esa política exterior consecuente con los más humanos principios de la globalización del sistema. O sea, que la pronta muerte del tirano, muerto operativamente desde ya, no supondrá cambio alguno a no ser que surja en la cúpula de su negra obra, una voz diferente que no haga caso a su testamento y que pueda controlar y sortear a la jauría que le rodea, en pos de cualquier forma de apertura.

 

Sin embargo, hay alguien que sí puede hacer algo determinante en este momento excepcionalmente único que se nos presenta; y este alguien es la hasta ahora insuficiente oposición cubana. En términos generales sabemos que ésta, contundentemente, nunca ha existido. No al menos a la altura del fanatismo de guerra y represión que ha mostrado la dictadura en todo momento. Pero es precisamente ahora el momento, la ocasión de que surja de manera contundente ante todos los gobiernos del mundo esa añorada oposición cubana unida que supere en sus acciones, tanto políticas como legítimamente armadas si fuera el caso contra la dictadura, superando a toda la represión y la influencia en el mundo que ésta pueda provocar y tener ahora.

 

Necesitamos ahora más que nunca a una oposición cubana fuerte, unida y sin complejos, que marque las iniciativas sin descanso, en la resolución del grave problema cubano a favor de este pueblo y de su libertad. Todos nuestras miradas expectantes están en ella, aunque muchos de nosotros, por desgracia, no tengamos demasiadas esperanzas. El motivo en general es que históricamente ésta ha sido depositaria de ese patético ego latino de marcar protagonismos, compitiendo absurdamente entre sí, desmarcándose e incomunicándose con otras formaciones con las que debería existir una fuerte alianza a favor, a fin de cuentas, de todos los cubanos. Competencia absurda entre grupos que unidos serían francamente fuertes y efectivos en la procura de esos objetivos comunes generales, que son los que siempre hemos necesitado, al menos como primer paso en la procura de la soñada justicia. Objetivos básicos de libertad, que, en consecuencia, se han malogrado por esa patética práctica generalizada de esperar que la solución a la dictadura cubana venga por su propio peso, o sea, providencialmente.

 

Pues no, si queremos libertad y más aún sui se quiere justicia hay que hacer, hoy más que nunca en pos de ellas, lo cual supone alzar literalmente un frente común de guerra política y hasta militar si fuera el caso, como nunca antes ha habido en toda la historia de nuestro sufrimiento. Es el momento de enfrentarse contundentemente al Castrismo, es el momento de superarle en iniciativas política y penales por todo el mundo, y dentro de Cuba, cuanto menos, de desbordarle con una literal guerra cívica contra el régimen. Esa es la única manera de ser libres, debemos aprovechar esta única oportunidad que se nos presenta para lograr, de nuestra propia mano, cuanto menos la libertad y posteriormente, la soñada e invocada justicia.

 

Todas nuestras miradas están ahora en lo que haga la oposición.

 

La Revolución de Castro persiste ahora porque finalmente ha logrado crear, a última hora, todo un eje en Latinoamérica en el cual hacer subsistir semejante dictadura después de la muerte del tirano. Nuestra anterior oportunidad, en vida de éste, fue sin dudas el descalabro que ésta sufrió en los años 90, en que no contaba con ninguna clase de apoyo en el mundo, y nuestro gran error, entonces, fue esperar que se derrumbara por sí sola. Ahora no podemos cometer el mismo error. Si esperamos a que de la mano de ésta, internamente venga su fin, sólo estaremos dándole a la dictadura el tiempo que necesita para estabilizarse y consolidadse tras la muerte de su creador. Lo que hay que hacer ahora es cargar contra el mal, como nunca antes se ha hecho jamás, superándole en el enfrentamiento, en todos los sentidos del término.

 

Es una buena oportunidad, casi única, para emprender una ofensiva sin igual. No será nada de extrañar que el gorila Chávez se haga cargo directa o indirectamente de la dictadura cubana tras la desaparición de su mentor. El enemigo está sin general y muy confundido y nervioso, pese a que el segundo se haya afanado en dejar con claridad obsesiva, los próximos pasos de la bestia. Es el momento de cortar su cabeza.

 

Hay que atacar ahora más que nunca, sin miedos y sin complejos y naturalmente, el escenario político en el mundo es el primero que nos espera con clara ventaja.

 

Que tenga bien claro la criminalizada e insuficientemente activa oposición cubana en el mundo, de que todos los cubanos de a pié tienen sus ojos expectantes sobre ella.

 

Estamos todos a la espera.

 

Es el momento.

 

 

No se puede esperar inactivo a la libertad, pues no sólo no llegará nunca, sino que fortalece al mal que la produce. Hay que provocarla, contundentemente, venciendo a todas las fuerzas que la impiden.

 

Es hora de hechos.

 

¿ Qué hará la oposición.?