SEÑALAMIENTOS SOBRE LA NUEVA LEY DEL ABORTO LIBRE:

 

         Dice la jurisprudencia en España, reflexionada a partir de los textos constitucionales:

 

         Siempre que un determinado derecho invocado, implique la negación de otro derecho, más aún en relación a derechos similares, superiores u elementales, el primero deja de constituir un derecho para convertirse en una simple y llana imposición de conflicto y de interés. Por tanto, semejante invocación no es válida ni moral ni legalmente, y sí constituye cuanto menos una falta penal grave; en este caso, un manifiesto delito contra la vida.

 

         Mucho más inválido aún, incluso ante Dios, si ese supuesto derecho invocado se da en detrimento y en perjuicio de los derechos ineludibles de alguien más débil, en situación de inferioridad y en situación de indefensión.

 

         Tal es el caso, por excelencia, del supuesto “derecho” de una abortante a decidir en su beneficio lo que redunda en el perjuicio elemental de una vida, del más grande y supremo derecho de vivir.

 

         No es de esperar que la izquierda en España y por extensión en el mundo y en la historia entienda esto, porque toda ella siempre ha actuado consciente y doctrinalmente en contra de esta reflexión.

 

         Luego lo único que cabe es construir un sistema jurídico, social y moral completamente blindado a estas prácticas; unas prácticas ideológicamente convenientes a la izquierda, cuya explicación final está justamente en el modelo de poder perseguido históricamente por ella, por toda ella en el mundo. El “fundamento” con que ideológicamente intentan sostener semejante falacia, es precisamente este artilugio marxista de invocar supuestos derechos idílicos, abstractos y absolutos, con los que justificar la imposición, la represión y la abolición total de todos los derechos reales, elementales y socioindividuales del hombre. La relación entre este argumento y el modelo de poder perseguido por la izquierda, que es en esencia lo que queda tras todos sus actos, tiene una proporción directa y lineal. Es, como se diría en matemática una simple, llana, elemental y literal regla de tres.

 

Es por ello que todo español de bien, entendiendo que este concepto sólo concierne a los que se consideran españoles, debe oponerse con toda la firmeza de la moralidad española a este timo, a este fraude, a este criminoso delito contra la sociedad y contra la vida en si estadio más vulnerable e indefenso: el nacimiento.

 

Para ello, hay que entender que el mal no viene precisamente de la imposición en sí dado que esta es meramente circunstancial, sino de quien la impone. Siempre que la izquierda en España tenga un resquicio de acción, volverá a cargar una y otra vez contra los derechos del hombre, dado que ellos representan la principal cuestión incompatible con sus propósitos históricos de instaurar en España ese modelo de poder al que jamás de los jamases renunciarán.

 

En otras palabras, si sólo se arranca la hierva y no se arranca de raíz, siempre volverá a brotar el mismo mal entre nosotros.