“NI UN SOLO DICTADOR EN LA TIERRA. LA GLOBALIZACIÓN DEL SISTEMA DE DERECHO, ES UN HECHO IMPARABLE.”

 

Las claves:

 

( Castro y Chávez defienden a Gadafi, exactamente por la misma razón por la que reprimen a sus respectivos pueblos.)  

 

( A fin de cuantas, la reacción del tirano Fidel Castro y de su adlátere el tiranuelo Hugo Chávez, no es otra que la de saberse a remojo ante la inevitable victoria de los pueblos ante los dictadores.)

 

(La cuestión, es provocar o forzar una intervención armada desde el exterior, fundamentalmente de Estados Unidos, para intentar aunar in extremis a la población en torno a la “defensa ante el invasor extranjero” y de esta manera, como poco, perecer como un “héroe apoyado por su pueblo” y no como lo va a hacer: como un tirano repudiado por éste.)

 

 

Llegan Datos de Libia, que hablan de 6.000 muertos a manos del bombardeo criminal ordenado directa y expresamente por Gadafi sobre la población sublevada. A este genocidio, hay que añadirle los  asesinatos indiscriminados cometidos por los mercenarios de Gadafi que campean sembrando el terror, ya directamente en las familias.

 

Ya se habla de asesinatos de familias indefensas incluso dentro de sus propias casas, donde se esconden temerosas y a donde penetran al más puro estilo Hitleriano los asesinos a sueldo de Gadafi. Estos mercenarios, la mayor parte de ellos asociados precisamente a la red terrorista de Al Qeaida, asesinan mediante acribillamiento y mediante degüello, tras la pregunta de “si están o no con Gadafi, o de si están o no dispuestos a morir por él.” Se ha llegado a saber que, ante la respuesta negativa o ante el simple silencio, se perpetra el exterminio de dicha familia sin escrúpulos siquiera ante niños recién nacidos. Es por ello que una parte de las turbas que patrullan en apoyo a Gadafi, están simplemente obligadas a hacerlo mediante el chantaje de la muerte sobre toda su familia. Semejante perversidad, define sin más al monstruo a que se enfrenta el pueblo Libio: un demente asesino sin igual, amante soberbio del poder, dispuesto a anegar en sangre el mundo antes de ceder un ápice, cortado precisamente por la misma tela y tijera que dictador Fidel castro en Cuba.

 

Es ésta la naturaleza típica de las mentes dictatoriales de este bloque o “alianza de dictaduras” en las que se encuentran por supuesto de la Fidel Castro en Cuba y la de su adlátere Hugo Chávez.

 

Por cierto, este último, que ha tomado el relevo en la verborrea propagandística de su mentor, ha repetido el consabido, recurrente y gastado “recurso desinformativo” del “supuesto interés de Estados Unidos por el petróleo Libio,” ante la inminencia y la necesidad de intervención de los países occidentales en Libia, en legítima defensa de su pueblo, en estos momentos masacrado por el dictador Gadafi. Semejante falacia a estas alturas ya no requiere siquiera atención; pero en este caso, queremos referirnos al ejemplo paradigmático que supone aplicar este falso argumento ante un dictador semejante: Mientras las familias libias mal subsisten con menos de un cuarto de euro al día, el dictador libio tiene en sus cuentas personales esparcidas por todo el mundo, nada más y nada menos que todo el PIB de ese país, literalmente hablando. Esto supone, entre otras cosas, que el mencionado petróleo libio es propiedad exclusiva y absoluta del dictador Gadafi. ( Estamos pues ante el ejemplo típico de que “el ladrón acusa a los demás de su propia condición.) Si a esto le añadimos que quien excreta semejante falacia es otro dictador cortado a imagen y semejanza de Gadafi por el propio Fidel Castro, quienes además han confabulado desde siempre para el mantenimiento y apoyo mutuo de sus respectivas dictaduras como un solo bloque anti occidental, tenemos la ecuación o la regla de tres de que éstos defienden a Gadafi exactamente por la misma razón por la que reprimen a sus respectivos pueblos.  A fin de cuantas, la reacción del tiranuelo Hugo Chávez no es otra que la de saberse a remojo ante la inevitable victoria de los pueblos ante los dictadores.

 

Como parte de la consabida propaganda de guerra, o sea, de la más abyecta desinformación, el tirano libio, acorralado y desesperado, ha intentado dos cuestiones claves, en su reciente discurso televisivo, para salvarse: La primera es asociar la autentica rebelión popular con la banda terrorista de Al Qaida, con la que siempre ha sido un estrecho colaborador en su guerra común contra occidente. El objetivo es confundir a la opinión occidental y lograr que los gobiernos de esos países le brinden ayuda política y hasta militar para sofocar las revueltas. (El lector puede extrañarse, pero éste es en sí un objetivo de manual.) La segunda cuestión, es provocar o forzar la intervención armada desde el exterior, fundamentalmente de Estados Unidos, para intentar aunar in estremis a la población en torno a la “defensa ante un invasor extranjero” y de esta manera, como poco, perecer como un “héroe apoyado por su pueblo” y no como lo va a hacer, como un tirano repudiado por éste. Si en este empeño, logra la presión internacional a favor de su régimen e incluso la intervención armada de países históricamente antioccidentales temerosos de que tales revueltas lleguen a sus respectivos feudos, entonces Gadafi tendría la ocasión no sólo de aplastar la revuelta popular, sino incluso de salir reforzado de ella. A esto se debe su actual campaña propagandística que como estricta psicología de guerra, ha comenzado ayer, convocando a los medios de prensa. Por el momento ya hay quienes hablan de una “mediación política en el conflicto” donde estén convenientemente, junto a los países occidentales, todas esas dictaduras históricamente afines y cómplices del régimen sanguinario de Muamar Gadafi. 

 

Pero en fin, ya podríamos hasta avizorar un lema para marcar el nuevo momento histórico que vivimos, por demás ya predicho por las propias democracias occidentales: “Ni un solo dictador en la tierra. La globalización del sistema de derecho, es un hecho imparable.”