¡ POR FIN.! ¡YA ERA HORA.!
( … Atrás, en el convulso siglo XX, queda la patraña y la excusa de los dictadores de “la auto determinación” y de la siempre conveniente “soberanía nacional,” conceptos básicamente reinventados por ellos para evitar que la justicia que concierne a toda la humanidad por igual, caiga sobre ellos, liberando a los pueblos que someten y haciendo posteriormente justicia por los crímenes cometidos… )
( …El mundo cambia y para bien, mal que le pese a toda la izquierda del mundo, nunca mejor definida como reaccionaria al sistema de derecho que se globaliza de manera natural e imparable. Poco a poco, uno tras otro, van cayendo a manos de la justicia global todos y cada uno de los dictadores que aún someten a los pueblos. No existe otra opción en el futuro inmediato de la humanidad, más que la libertad y la justicia real y universal.)
Si bien dice el dicho que “más vale tarde que nunca,” hay que reconocer que esta vez, la reacción contundente del estado de derecho en el mundo, ante el genocidio de Gadafi llega muy a tiempo.
El objetivo, el propósito de tal intervención militar no es otro que el de arrancar, el de extirpar de Libia el mal de males que sufre aquel pueblo: el acabar con la dictadura de Muamar Gadafi.
Tal objetivo, no supone otra cosa que la responsabilidad internacional de occidente en la globalización del sistema de derecho, lo que implica por fuerza y con carácter prioritario y urgente, el acabar con todas y cada unas de las dictaduras que quedan en el mundo.
El “qué dirán” será lo de siempre y en boca de los de siempre: Que si ilegalidad internacional, que si plegados al mandato de Estados Unidos, que si es una guerra por el interés de los recursos naturales, en éste y en todos los casos el siempre recurrente petróleo, y así, los mismos despropósitos de la misma fórmula propagandística de todas las izquierdas, cuyo objetivo y razón de ser en el seno de los países democráticos no es otro que el descarrilar la evolución del sistema de derecho en sí, en cuyo futuro perfecto ellos quedarían completamente “negados.”
Por el contrario a este revuelo antisistema donde actúa de fondo la solidaridad ideológica de todas las izquierdas del mundo con el sanguinario dictador de Libia, está la verdad, sólo la verdad y toda la verdad, como el único motivo para que occidente intervenga militarmente en Libia. Y esta verdad es única y exclusivamente la de parar en seco el genocidio que hasta el día de hoy estaba llevando a cabo el dictador contra el pueblo libio; esta verdad no es otra que la de liberar a Libia de las garras de semejante asesino, para que sea juzgado por la justicia internacional, entendiéndose a ésta como la voluntad de justicia de toda la humanidad en su conjunto. Atrás, en el convulso siglo XX, queda la patraña y la excusa de los dictadores de “la auto determinación” y de la siempre conveniente “soberanía nacional,” conceptos básicamente reinventados por ellos, para evitar que la justicia que concierne a toda la humanidad por igual, como consecuencia de la transformación económica del mundo, caiga sobre ellos acabando con sus dictaduras impunes y haciendo justicia sobre sus crímenes. Esa es la única y absoluta cuestión por la cual la comunidad internacional apresó a Sadam Husein y por la cual ahora va a hacer lo mismo con Muamar Gadafi. Esta es absolutamente la única verdad que mueve la intervención de occidente en Libia. El mundo cambia y para bien, mal que le pese a toda la izquierda del mundo, nunca mejor definida como reaccionaria al sistema de derecho que se globaliza de manera natural e imparable. Poco a poco, uno tras otro, van cayendo a manos de la justicia global todos y cada uno de los dictadores que aún someten a los pueblos. No existe otra opción en el futuro inmediato de la humanidad, más que la libertad y la justicia real y universal.