(Por ello, señores “líderes” de la oposición, sólo existe una única forma posible de la transición en Cuba: El castigo irrenunciable de todos los culpables y la exclusión, por siempre, de una formación y una mentalidad cuyo enemigo antagónico, con el que no se convive sino al que se le combate y al que se le destruye, es precisamente el sistema de derecho; ese soñadísimo sistema que a la fecha y según la experiencia, resulta tan vulnerable ante el discurso demagógico y camuflador que sin duda alguna tendrán los castristas, si no les quedara más remedio que permitir semejante apertura. )
La “transición” cubana sólo es posible con la voluntad de los castristas y ello entra en franca y absoluta contradicción con la necesidad más elemental de justicia, que es la que moralmente determinará la autenticidad de dicho transito y del futuro camino entre una Cuba verdaderamente libre, libre en todo el sentido del término, incluso de su pasado, y una Cuba artificiosa y encubiertamente continuista, que marcará, que determinará el circulo vicioso de las generaciones atrapadas en un conflictos que se volverá a la larga insalvable, tal y como ocurre, si fuera el mejor de los casos, en España, donde la aplicación real del sistema es imposible por no haber cerrado de la única manera posible las heridas de la guerra civil. La responsabilidad de todo esto, está, desgraciadamente de la mano de la llamada oposición cubana, erigida en líderes de un pueblo que en la mayoría de los casos ni siquiera sabe de su existencia; La solución a éste, el más grave de los problemas a que nos enfrentamos y que se avizora claramente desde hace muchos años, está en la mano de esa oposición que lanza todos los días un discurso ambiguo y nada claro sobre esta cuestión, lo que supone la evidencia de un conflicto de intereses entre las necesidades más auténticas de un pueblo y la imposición de una política de tránsito inaceptable como consecuencia del mercadeo de poderes que tendrá detrás. Con ello, la repugnante negociación con los culpables se convertirá en el eje de toda “reforma”; una negociación para el reparto de protagonismos y poderes que son básicamente la moneda de cambio no sólo para comprar la inmunidad, sino para auparse a la “nueva sociedad” con protagonismo y con poder; una negociación que en realidad ha comenzado desde hace ya mucho tiempo, simplemente como medida de seguridad por los servicio secretos castristas. El panorama es muy sencillo: los castristas, en principio y como definición clave de su existencia no soltarán el poder jamás; pero si llagara la situación descontrolada, antes de que ésta provoque su temidísima desaparición, darán ellos los primeros pasos de la reforma estratégicamente planeada y oscuramente negociada con la oposición, logrando en consecuencia lo siguiente: 1- Serán, a los ojos de la opinión interna y sobre todo de la externa, no sólo voluntarios, sino los artífices del cambio. 2- Ello les permitirá participar de todo el proceso, quedando al final en las instituciones y posteriormente en el nuevo gobierno. 3- Quedarán instalados, “legalizados”, afianzados en su moral y reivindicados como parte fundamental del proceso y para el éxito de éste, incluso por otros grupos supuestamente opuestos, presentándose ante el mundo y ante la opinión interna constituida en potenciales votantes, como un partido “democrático” que mucho peor aún sonará en su propaganda donde se autodefinirán como lo que “han sido siempre: un partido democrático”. 4- Harán incesantemente una campaña tanto abierta como encubierta, de ese constante boicot que todas las izquierdas hacen a los sistemas democráticos donde habitan, y un buen día, como consecuencia de todo este fraude, retornarán al poder en el asalto a las instituciones del “nuevo sistema”; habrán aprovechando la inconsistencia y la división de la llamada “oposición” muy convenientemente instaurada en estos momentos como clase política, esa “clase” culpable de habernos arrastrado en contra de nuestra voluntad por ese fatal camino que supone su consolidación como tal. Toda una vergüenza o mejor dicho toda una traición ya tramadísima que ocurrirá como siempre a nuestras espaldas. Entonces “un buen día”, como fruto de este pacto corrupto e inmoral, recogiendo el fruto de la desidia sembrada en todo momento en un pueblo aturdido y cada vez más dividido por la malformación expresa de unas generaciones muy difíciles de ser educadas en la nueva mentalidad, llegarán nuevamente a los poderes y ello bastará para reivindicar ante el mundo entero toda la propaganda que actualmente esgrime sobre sí mismo el régimen castrista, coronado por supuesto con la entrada a la “historia” a esa continuidad eterna de la guerra de siempre, con la imagen que el tirano concibe para sí, sólo a su imagen y semejanza.
Todo ello será logrado sólo a partir de una condición clave que se da en los llamados líderes de la oposición: la desunión, la ausencia de un contundente discurso común que sea consecuente al clamor de las bases sociales. Unos “líderes” ya aupados en los selectos grupos que incluso hasta compiten desvergonzadamente entre sí, para mayor beneplácito y beneficio del tirano, para acceder a los poderes en la añoradísima transición. Esta es la mayor de todas las ventajas que se les pueda dar a un régimen cuya especialidad ha sido siempre rentabilizar de manera absoluta cualquier diferencia espontánea o inducida en sus enemigos, incluido el mismísimo pueblo de Cuba. Será exactamente el mismo ejemplo, que si un vanidoso quisiera tratar con el diablo con la ingenua idea inicial, o al menos propagandizada, de que se librará finalmente de él; sólo que a diferencia de la analogía, el infierno eterno lo sufrirá una tercera persona, o sea, todo un pueblo expectante y peor aún, una cadena sucesiva de generaciones inocentes.
Por ello, señores “líderes” de la oposición, sólo existe una única forma posible de la transición en Cuba: El castigo irrenunciable de todos los culpables y la exclusión, por siempre de una formación y una mentalidad cuyo enemigo antagónico con el que no se convive sino se combate y se destruye es precisamente el sistema de derecho con la democracia como forma de expresión.
Sepan que muchos cubanos harán todo para evitar que Cuba se convierta en la España equivocada, y no podemos permitir que sólo de ustedes dependa que este mal de males se extienda y se instale ya sin remedio en las generaciones futuras.
La enfermedad del pueblo de Cuba es muy análoga a cualquier enfermedad física que padezca un individuo; que si no se atiende y se cura de raíz brotará siempre con más fuerza hasta la destrucción final del cuerpo, y peor aún, terminando con el contagio a los demás.
Sólo es posible una única Cuba en transición y todos, incluso los que emiten el discurso contrario, lo saben perfectamente.