La desinformación como principio fundamental y elemental de la guerra de inteligencia, que siempre acompaña a toda guerra física, cuando se practica desde la posición del mal.
Las mentiras de Gadafi.
Como muy bien sabemos, toda guerra trae aparejada una labor de desinformación como parte vital e imprescindible de la guerra de inteligencia que implicita.
Hace a penas un par de semanas, el dictador libio completamente acorralado y desesperado, llegó a decir que él había sido la contención y el impedimento de que el terrorismo de Al Qeaida no invadiera a Europa por el sur y por tanto, de que la caída de su régimen supondría una ola de atentados en el seno de Europa. Hasta un niño de teta entendería la falacia, más sin embargo, buena parte de la opinión europea, zombificada por la información mediática de las izquierdas de esos países, contempló la burda mentira como posiblemente cierta.
Es significativo que la duda se genere sobre un hecho cierto y más que probado, de que Muamar Gadafi, Fidel Castro y Al Qaidada son ideológica y funcionalmente una misma cosa; un frente homogéneamente hermanado e indisoluble contra el enemigo común y mortal para sus dictaduras o para el modelo de poder pretendido: el estado de derecho en el mundo. La colaboración entre éstos, no se limita a meros apoyos morales y políticos, sino a toda una historia de colaboración en la instrucción terrorista, en el apoyo logístico y hasta en la financiación económica siempre venida de Moscú o del narcotráfico sudamericano. Si el mundo occidental no habla de eso, es porque su mero reconocimiento le obligaría a cargar contra Gadafi y contra cualquier dictador relacionado, y ya sabemos la ambigüedad, la cobardía y en algunos casos hasta la complicidad que le caracteriza en estos tiempos históricos en que vivimos.
Como paradoja y prueba de esta burda falacia, tenemos el hecho que en estos momentos la red terrorista Al Qeaida está literalmente movilizada para salvar al régimen de Muamar Gadafi, y toda su red de conexión, está siendo utilizada en estos momentos por pequeñas unidades de élites de Fidel Castro, sumadas como mercenarios independientes, al sanguinario ejército del dictador Libio.
Y mientras tanto, el mundo mirando para otro lado. No hay palabras con qué definir semejante canallada.
Esperamos que pronto reaccione.