“LOS TALANTISTAS.”
Los “talantistas” dicen que son muy demócratas, los más demócratas, los únicos demócratas. Naturaleza básica y esencial de todas las izquierdas es el definirse como lo que nunca han sido ni jamás serán, criminalizando además, y aplicando el “ABC” de su invariable estrategia propagandística, a sus enemigos. Criminalizar en extremo y en todo momento a sus enemigos, o lo que es lo mismo, a los que sí son demócratas, a los que abogan por las libertades y los derechos, a los que suponen un estorbo su carrera hacia el poder único, precisamente con las condiciones que le son medularmente inherentes a los primeros. Sin entrar en más definiciones, baste citar los rigurosos hechos reales de esta atormentadísima España, que desfasan claramente con el constante y delirante discurso enajenado de toda una izquierda en bloque, de la cual su exponente, representante o “líder,” es el justo referente de lo que ésta ha sido siempre: Zapatero. La tan cacareada propaganda de este sujeto, políticamente y en términos estereotipados muy elemental, representa hoy en día y más que nunca, el histórico, ridículo y vacío punto de referencia del discurso con que toda ésta prestidigita ante una opinión cada vez más conciente de este fraude, de este embauque, de esta mentira, de este mal para la sociedad civil y para el sistema de libertad; un mal que no es una simple consecuencia, sino una imposición criminosamente consiente por parte de toda la izquierda antisistema Española en bloque, la cual se ahogaría prontamente en su discurso histórico con la simple y llana evolución del sistema de derecho. Éste, es el motivo por el cual toda la izquierda española, ideológicamente una sola, siempre miente, manipula, retuerce, confunde, impide e impone, en aras del sabotaje criminal a un sistema socioindividual de derecho en cuyo desarrollo y futuro es simple y llanamente imposible su mera existencia.
En este caso, el hecho de que los citados “talantistas” ignoren sistemática e ignominiosamente a los representantes de 10 millones de españoles ( 10 millones tras los atentados de Madrid;15 antes y seguramente 20 después que se sepa la verdad sobre éstos ), o lo que es lo mismo y por tanto, a diez millones de españoles que a la fecha son y progresivamente serán el doble, evidencia la razón de que tras semejante demagogia no se esconde un simple y mísero mercadeo político, sino que hay un mal incomparablemente mayor. Este mal, que lleva en la historia de España nombre y apellidos muy claros, es la razón por la cual esa mitad del electorado español es considera por los disfrazados “talantistas,” ni más ni menos que el enemigo, que ese histórico enemigo al que “se transforma o se elimina” según la doctrina ideológica que engendró semejante enfermedad en España. Diez millones de voces y todo aquel que devuelto a la razón descubra el engaño, que también serán considerados, automáticamente, el “enemigo a batir.” Un enemigo odiado fanáticamente con el que, según ese manual ideológico, nunca se negocia, nunca jamás se negocia y al que nunca jamás se le escucha. Es, a fin de cuantas, el principio básico del fundamentalismo republicano de la guerra civil, que no nació espontáneamente entre los españoles, sino que fue importado expresamente por la cruzada universal que el otrora imperio del comunismo necesitaba realizar sobre el mundo, especialmente sobre occidente, y muy fundamentalmente sobre el sistema de derecho que comparativamente le fulminaba. Toda una expansión o como le llamaron entonces: la “internacionalización” de su nefasto sistema, como camino irrenunciable e imprescindible para hacer posible su sola y simple existencia. España fue entonces un objetivo vital, en el cual se instigó la guerra civil, y no solamente en términos políticos e ideológicos, sino en estrictos y literales términos de inteligencia de guerra, con todo el apoyo técnico, organizativo y logístico que implica. Toda una guerra civil provocada por ese criminal ejemplo histórico que entonces, ahora y siempre perseguirán sus engendros, siempre a la procura de una “calidad” incomparable de poder. Justamente esa guerra de la cual emanan estos talantistas y que marca, desde entonces y hasta la fecha, todas las convulsiones de sistema, siempre a manos, invariablemente, de ese frente histórico común que conforman en España todas las izquierdas contra éste. Un frente, que ha sido siempre el causante de todos los hechos adversos que sacuden la vida sociopolítica actual, que es el que hace imposible, siquiera la aplicación funcional de las ya primitivas definiciones de este sistema en su carta magna; toda una ley central que, justamente por esta acción parásita, ni siquiera se aplica en su ya primitiva y estancada definición, y cuya única evolución, establece un horizonte aterrador, antagónico y fulminante para sus enemigos. De ahí el empeño obcecado en transformarla en lo que no es, en desvirtuarla, en destruirla, finalmente. Todo a mano de unos enemigos del sistema, engendrados entonces por el expansionismo soviético, erigidos ahora en poderosísimos grupos de imposición que usurpan las instituciones para hurgar en él, en su seno, siempre en la procura de su derogación, de su destrucción, haciendo la guerra de siempre desde dentro, camuflados, disfrazados de lo que no han sido nunca, de lo que no son ni serán jamás, arremetiendo una y otra vez, sin descanso, en aras, siempre exactamente en aras de los mismos objetivos que entonces persiguieron en el 34. Toda una literal ofensiva de guerra perenne ejecutada en nuestro seno, posible y sólo posible por la manifiesta ambigüedad del sistema para aplicar si quiera sus magnos conceptos, cíclicamente impedidos por estos feroces enemigos. Este es, sin más, el fenómeno causante de este irreal e irrisorio “marco de convivencia” que ilusiona y perjudica a toda, absolutamente a toda la base social española, constantemente expuesta a esta cruenta guerra sin límites, a esa guerra de siempre que impide a nuestro pueblo avanzar en las libertades y las dignidades y hasta le impide y niega sus más elementales derechos. Guerra abierta, en consecuencia con todo lo dicho, contra un fantasma creado por la maquinaria propagandística del ese bloque cada vez más fanático y dictatorial; un fantasma azuzado sobre la sociedad, siempre con los mismos nombres y las mismas caras esperpénticas, tras el cual se halla el verdadero enemigo, el único enemigo, el de siempre y enemigo más que nunca ahora. Ese odiado enemigo no es otro que toda la sociedad civil española concurrente a sus derechos y procurante de un camino libertario matemáticamente incompatible con las históricas pretensiones en pos de las cuales se nos inoculó repetida e incesantemente tan virulento mal desde 1917. Un mal, que se ha transformado convenientemente según el curso de nuestra historia en la cual, fracasando a cada intento, no ha cejado jamás en la procura de sus iniciales objetivos. Un mal consentido muy erróneamente por el sistema y que supone, sin dudas, la causa de todos, absolutamente de todos sus males. Un mal que identifica a toda la base social española, por imperativo del tipo de sistema que pretende imponer, como el objetivo a someter, a dominar, a embaucar. Una base que, por resistirse a semejante arrollamiento, ha pasado a ser, como mero recurso de inteligencia de guerra, identificada, relacionada, definida como ese fantasma inventado, como ese otro bando a batir, a transformar forzosamente, a dividir en ese empeño, a criminalizar en esa propaganda que determina hasta la última coma del “discurso democrático interpretado por los talantistas”. Nada nuevo. Toda una viejísima táctica de guerra psicológica, haciendo uso impune de la desinformación, de la confusión y de la agitación incluso desde las plataformas públicas y desde las instituciones del estado que usurpan. Viejas tácticas inherentes a toda guerra de sistemas, aún tan devastadoras como entonces en la forzada mente social. Es ésta, una de las armas con que a la fecha, los talantistas libran su histórica guerra entre nosotros. Una guerra fundamentalizada ahora como entonces, precisamente por esa ideología importada, adoptada que persigue, también igual que entonces, la implantación de un poder absoluto, incuestionable y eterno. Unos irrenunciables objetivos que, camuflados en un discurso extremo sobre el bien y el mal, siendo ellos el primero y nosotros el segundo, trastocando por supuesto la verdadera definición de cada cual, utiliza la vulnerabilidad de la mente social desinformada y sometida a fuertes conflictos sociales para embaucarla, para engendrar en ella, aprovechando además en el caso hispano, su natural tendencia de predominio emocional en la razón, para crear una mente social caótica, explosiva y muy fácilmente manipulable. Todo un fenómeno de abyecta y criminal ingeniería sociológica que ha marcado todos y cada uno de los lamentables hechos de nuestra reciente historia, y que ha contribuido sin más, a ese fundamentalismo ideológico siempre mucho más ciego, mucho más obcecado y mucho más, pero mucho más perverso; siempre más exagerado, pero mucho más exagerado a manos de estos imitadores claramente frustrados y perseguidores de los soñados imperios centralizados. Un sueño que determina a fin de cuentas, desde la primera palabra hasta el último acto de este desgobierno, del gobierno del 11 de Marzo.