SIN SANGRE, DESGRACIADAMENTE, NO HABRÁ LIBERTAD.

 

Obviamente, hay que manifestarse contra la dictadura criminal de Fidel Castro, y si fuera todos los días, mejor; pero no nos engañemos. Por más que pidamos la libertad para Cuba o simplemente una minúscula  mejora en las condiciones de vida del pueblo cubano; aunque logremos que algún gobierno occidental en el mundo las pida con contundencia, el régimen de La Habana no cederá ni un ápice en el disfrute de su poder excepcional e inigualable. No lo hará en lo absoluto, más ahora que nunca, siempre que tenga el más mínimo resquicio de apoyo en el mundo, y en estos momentos, el régimen de Castro cuenta con una muy fuerte cobertura, camino de igualar a los peores momentos del apadrinamiento soviético.

 

         Claro que son muchos años de extremo padecimiento, y el pueblo está más que harto del castrismo; pero también está dividido, confundido, muy cansado y muy sobre todo, absolutamente reprimido, férreamente controlado. Ante el lamentable panorama de cobertura mundial con que ahora vuelve a contar la sanguinaria dictadura, de la mano del mismísimo gobierno antisistema de España, quien entre enésimos favores le ha abierto de par en par las puertas económicas y políticas de la comunidad Europea; de la mano del omnipresente imperialismo soviético, que vuelve a meter sus garras en Cuba apadrinando como entonces al mal que padecemos; y por el éxito del plan subversivo del departamento América del DGI, que ha logrado crear finalmente todo un eje ideológico y económico que pasa naturalmente por Venezuela, por Guatemala, por Bolivia, por Argentina, por Brasil y por México; en fin, ante esta complicidad sin límites de todos los enemigos de la libertad en el mundo con la dictadura de Fidel Castro, y ante la naturaleza excepcionalmente impositiva de este tirano, siempre dispuesto a todo e incluso al holocausto de la población antes que ceder en la más mínima concesión a las reivindicaciones libertarias, el pensar que su dictadura reaccionará favorablemente las movilizaciones cívicas del exilio, resulta cuanto menos de una ingenuidad total.

 

         Lo repetimos: en estos momentos, el régimen de Castro cuanta con un respaldo ideológico, incondicionalmente fanático, de toda la izquierda antisistema española, entendiéndose toda ella en su conjunto: desde el PSOE en el poder, hasta el último mono ultra nacionalista del marxismo que hermanados en una lucha ideológicamente común en pos de los mismos objetivos, justifican y favorecen a ultranza al tirano de Cuba. En estos momentos, la tiranía castrista vuelve a ser sostenida y amparada tanto económica, política e incluso militarmente, por su madre patria soviética. En estos momentos, el abandono de la función globalizadota del sistema de derecho en el mundo, por parte de los principales países occidentales, ha permitido la inoculación de la dictadura de Fidel Castro en prácticamente toda Latinoamérica. En estos momentos, hay un frente abierto de guerra antisistema en el mundo de la mano de todas las dictaduras islámicas, que por obvios motivos similares a los de Castro, necesita destruir a las sociedades de derecho por cuanto representan la guía a la sublevación natural de todos esos pueblos que ellos reprimen.

 

         Luego: ¿Alguien cree que con semejante panorama de complicidad en el mundo con nuestro mal, podremos lograr arrancarle tan sólo alguna concesión con nuestra sola movilización cívica.? Muy desde luego, ésta es imprescindible en la lucha contra el castrismo, y el despertar del exilio este 1º de Febrero, tiene una importancia ilimitada en la procura de la libertad del pueblo cubano; pero necesitamos algo más, necesitamos mucho más. Necesitamos plantarle cara al castrismo en todos los frentes que requiere semejante objetivo de libertad.

 

         Hay que cubrir todos los frentes necesarios para lograr esa libertad. Si bien es acertado e imprescindible el emprender todo un movimiento cívico tanto dentro como fuera de Cuba para lograr una presión política internacional y constante sobre el régimen de Castro, también hay que salir todos los días a la calle a ganarse a esa opinión confundida por los cómplices del castrismo en el mundo; hay que establecer todo un gobierno cubano en el exilio que trabaje incansablemente para que todos los gobiernos democráticos en general, no reconozcan a la dictadura como gobierno legítimo de Cuba. Finalmente, sólo ante un levantamiento nacional de toda la población cubana contra el castrismo es que el régimen podría verse obligado, siempre y cuando exista una presión internacional firme, a conceder, siempre a medias, las reivindicaciones libertarias. Pero ni siquiera ese sería el caso. De todos los cubanos es muy sabido que el régimen prefiere perder el poder anegando en sangre a la isla. Prefiere y tiene planes de aniquilación poblacional, ante un eventual ataque militar que no pueda repeler. La razón de ello es simplemente la necesidad que tiene de definir su final en la historia como un acto de agresión de los libertadores, vengan de donde vengan, cuya definición criminalizada tendría su colofón en ese aniquilamiento de toda la población usada como escudo humano. Luego no nos llamemos a engaño: Sólo podría haber libertad sin sangre en el muy hipotético caso de que el mundo entero repudiara a la dictadura negándole toda clase de cobertura, lo que no es ni remotamente el caso, o en el supuesto, también muy hipotético, de que algún alto militar con poder, posicione al ejército en favor del pueblo y en contra de la dictadura de los Castro, lo cual es igualmente remoto y quimérico. Por tanto, hay que luchar. No queda otra alternativa. Hay que generar una resistencia en todos los frentes. Hay que hacerle la guerra al castrismo en el frente cívico, en el político, en el económico y en el militar. Hay que guiar al pueblo hacia su libertad, y si en ese empeño, alguien impide la reacción criminal de la cúpula castrista, mejor; pero hay que hacerse a la idea y a la experiencia histórica universal de que sin sangre no habrá nunca jamás libertad, ya que la naturaleza de nuestro mal es absolutamente contraria a los derechos más elementales del hombre. Para ellos, sus intereses de poder están absolutamente por encima de todas las cosas de este mundo, incluida naturalmente la vida del pueblo reprimido. POR TANTO, HAY QUE LUCHAR, HAY QUIE HACERLE LA GUERRA AL CASTYRISMO. SIN SANGRE NO HABRÁ LIBERTAD.