NUESTRA MEMORIA ES LA VERDAD Y SÓLO LA VERDAD HA DE TRASCENDER.  

    

 

 

Tenemos que guardar una detalladísima memoria cronológica de todo cuanto ha pasado en el curso de la dictadura castrista. Debemos, tenemos que establecer el rigor de la historia oficial en nuestro futuro cercano sobre todos y cada uno de estos hechos reales, descarnados y concluyentes, anulando, sin vacilación alguna, todo intento de segundas y terceras interpretaciones convenientes a los artífices de nuestro calvario y a sus cómplices en el mundo. Tenemos la responsabilidad de atajar, de impedir la interpretación partidista y artificiosa de los hechos en que hemos sido protagonistas o testigos; interpretación con que, sin duda alguna el academicismo ideológicamente a fin en el mundo, se plegará, como lo ha hecho siempre en todo lugar y tiempo, a los intereses manifiestos de ese mismo grupo que provocó nuestra hecatombe, o de cualquier otro grupo históricamente afín, a favor de los cuales recompondrán con ilimitada arquitectura ideológica falsaria, cuantos hechos históricos hayamos vivido y protagonizado, en nuestro detrimento y en su invariable provecho. La razón es muy simple: No se trata de que un determinado “gobierno de izquierdas” o una universidad marxista en España tengan un interés expreso en defender a Castro, que lo tienen y fanáticamente mucho, sino que lo defienden a ultranza debido, ante todo, a que necesitan imperiosamente salvar la fórmula de poder empleada, o sea, el “fundamento moral de éste, reflejado en su ideología propagandizada” y reguladora del hipnotismo grupal o de masas, que es la única fórmula posible, en el razonamiento universal de sistemas sociopolíticos, que les garantizará la perseguida calidad absoluta del poder. De ello se trata. Sin duda alguna ellos, los mismos de siempre, descompondrán, nuestra memoria y nuestra condición de víctimas para hacerla trascender, para inocular, para instalar, con la más abyecta de las tergiversaciones, todo lo contrario a la verdad de lo ocurrido, en la siempre codiciada mente generacional.  Recordad que la trascendencia de una determinada versión a la memoria generacional imperecedera, ha sido siempre un objetivo clave e imprescindible de los poderes absolutistas  para perpetuarse en ellos y en ella. Supone sin más el pilar fundamental para erigir y estabilizar semejantes dictaduras. Tenemos pues la obligación de salvar ese libro concreto de “los hechos en la dictadura castrista,” de los ataques que sin duda tendrá en el empeño de tergiversarlos y plegarlos a la tesis propagandística moralizadora que como fundamento ideológico de primer orden tiene toda la izquierda en el mundo. Será interés primordial de todas ellas hacer imposible la existencia de semejante documento probatorio. Será una prioridad absoluta de todas ellas la destrucción de nuestra memoria. Será sin dudas a manos fundamentalmente de ella, allí donde se encuentre intentando auparse a los poderes, y ya qué decir si trasciende al futuro libertario cubano, de quién vendrá un fanático ataque a la verdad de los hechos, debido a que suponen en sí un disparo fulminante a su perversidad desenmascarada, evidenciada tras su literatura embustera y embaucadora de masas. Ellos, no pueden permitirlo de ningún modo por el decidido conflicto de interés que les supone, y nosotros, no se lo podemos permitir bajo ningún concepto dado que anularíamos toda terapia social auténtica con que ser verdaderamente libres tanto en el trato con los demás y con nuestro entorno libertario, como para hallar la paz psicológica en nuestra propia existencia individual restante; para lograr la salvadora serenidad en nuestro propio corazón, ahora inenarrablemente convaleciente de duelo, de confusión y de amargura, de incomprensión. Es una elemental terapia psicosocial imprescindible, en la que el paciente lejos de progresar agravará su confusión si no parte de enfrentarse sin miedo a su conflicto. Y el primer paso para hacerlo es el establecer esa memoria real y descarnada sobre la cual rectificar penalmente todos y cada uno de los hechos criminosos y delictivos de semejante dictadura. Es nuestra obligación, sobre este intocable documento, emprender las acciones internacionales en la política exterior de la soñadísima Cuba libre, lleve el tiempo que lleve, para lograr y hasta lograr la rotunda y firme condena del mundo al castrismo, en la figura de cada uno de los países e instituciones que representan al mundo libre, como juicio y veredicto contundente de la historia. Tenemos la obligación de,  junto a la rectificación de toda nuestra historia moderna, instituir este descarnado testimonio real como la materia histórica académica sobre la cual se forme la moral libertaria de nuestros hijos, y de todos los cubanos, por siempre.