NUNCA MAIS… HASTA LA PRÓXIMA: “DON PEDRO”

 

.. Y ahí tenemos otro “Prestige.” ¿Cuantos van ya desde entonces?  La respuesta es precisamente la evidencia de la gran mentira grotesca,  pero efectivamente elaborada por la izquierda toda en bloque, en su afán de urdir, de inventar un escándalo a un gobierno entonces impecable en cuestiones de seguridad marítima, entre otras. Esta vez, muy a diferencia de entonces, el desastre marítimo sobreviene excepcionalmente por la omisión de obligaciones y responsabilidades estrictamente funcionales y profesionales, de una cúpula administrativa que entonces era imprescindiblemente técnica, profesional y eficaz y que ahora, tras el 11 de Marzo, es netamente política, ideológicamente hablando y en el concepto más extremo de sus fanatismos, lo que le hace ser, por ende, inenarrablemente imbécil ante la mirada de cualquier ciudadano europeo acorde a estos tiempos y al modelo de sistema que aquí se pretende construir. Y no es que el PP tenga que seguir los métodos de esa soberbia izquierda española en la creación grotesca y desesperada de plataformas políticas sobre los desastres marítimos; sino que debe entender y sobretodo transmitir que cada uno de los desastres de este tipo que han ocurrido en esta legislatura del 11M, evidencian la desfachatez con que toda la izquierda en bloque han fabricado, fabrican y fabricarán una tempestad de mentiras que arrastren a la atolondrada mente social a apoyar la calidad abyecta de sus intereses de poder. Tempestad entonces infernalmente desproporcional a los hechos, con qué tergiversar miserablemente la impecable actuación que entonces tuvo el efectivo, profesional y técnico dispositivo marítimo que se ocupó del “Prestige.” Los hechos deben servir de experiencia, diría cualquiera; pero con el burro y con el PP es otro cantar, que no agrada en lo absoluto a su base electoral. Si por ésta fuera, asestaría una contundente campaña de denuncia, como bien requiere el caso, para que semejante evidencia llegue de manera efectiva a toda la sociedad española y repare en el gran fraude que supuso entonces y ahora la plataforma del “Nunca Mais.” Si por ésta fuera, asestaría sin piedad una campaña que emane de un método certero, sin complejos y con toda la contundencia de la guerra ideológica, que es a fin de cuentas la que marca toda actuación de la izquierda en el seno de la democracia, que informe a toda la sociedad española sobre la verdad antisistema que hay tras cada una de sus desfachateces, no sólo en cuestiones marítima, por supuesto, sino en todas las que urde parasitariamente en todos los frentes de la vida sociopolítica de España este mal que padecemos desde la guerra civil. Para ello España necesita hoy más que nunca salir a la calle,  ya que el noventa por ciento de la prensa nacional está fuertemente penetrada e hipotecada por el más acérrimo y despiadado republicanismo histórico español, o mejor expresado, a la española.

 

Para enfrentarse a semejante monstruo, el PP tiene que escuchar a sus votantes y abandonar esos senderos enmoquetados del selecto mercadeo político. Debe entender de una vez que esto no obedece a las reglas de un “juego de sistema,” sino a la continuidad estricta de la “guerra civil” en el frente ideológico y psicosocial que ha supuesto la continuidad de ésta hasta nuestras días, precisamente de la mano del “OTAN de entrada no,” del “Nunca Mais,” y del “No contra la guerra.” Pero no, por desgracia no será así. Desgracia no para ellos, sino para nosotros, para el pueblo español. El PP, la generalidad de él, vive como necia clase política aforada, muy egocéntricamente encumbrada, o mejor dicho, autoencumbrada. Ello no le permite ver esta realidad nacional e histórica, excepcionalmente grave que padece España. La desgracia final, desde luego, no será su caída como dioses, sino el retroceso de siglos que obligarán a nuestros hijos a vivir, cíclicamente, todo cuanto hemos padecido, todo cuanto venimos padeciendo desde siempre por no emprender las claras evoluciones que desde el principio ha clamado nuestro sistema, más en un país tan particularmente delicado, como es el caso de España. 

 

En la bahía de Ibiza, en estos momentos hay un barco hundido nada “máis” y nada menos que en la costa, a apenas una milla del puerto, con más de 200 toneladas de combustible en sus tanques, que se están derramando. Muy de seguro mucho más que esa cifra, ya que el dato proviene de las comunicaciones oficiales. Hasta el momento se han recogido 150 toneladas de fuel de las playas Talamanca, de Figueretes y D`en Bossa, en el litoral Ibiceño, amenazando además con contaminar, si no lo ha hecho ya, nada “mais” y nada menos que el parque natural de “Ses Salines.”  Semejante tragedia, a diferencia de la otrora plataforma político-ideológica en torno al “Prestige,” se produjo por la ineptitud y la obvia carencia profesional de los altos funcionarios ideológicos del PSOE, que deberían ejercer el estricto control del trafico marítimo en la zona, en lugar de vivir instalados en la perenne campaña ideológica que por estricta razón procesal de este sistema que tanto aborrecen, no compete a estos puestos funcionariales. Todos los gremios técnico-Marítimos de España lo sabe muy bien: Si hubiesen ejecutado el protocolo que le exige el control del tráfico marítimo, el buque San Pedro hubiese llegado, como Dios manda, a su destino. Por tanto hay que hacer campaña de información para evidenciar el gran fraude que supuso el “Nunca Maís.” España necesita ahora que la oposición haga campaña abiertamente política, en honor de la verdad, a favor de los intereses del sistema contra el que carga sistemática y fanáticamente el actual “ejecutivo,” que de ejecutar las responsabilidades que éste le marca, no se hubiera producido esta catástrofe. Es imprescindible depurar responsabilidades ante éste y todos los casos evidentes, por el bien de nuestros intereses.

 

En este momento hay un barco hundido en España que clama abierta campaña de denuncia, muy a diferencia del “Prestige,” totalmente real y justificada, contra el único mal que impide avanzar a nuestra tierra hacia su pretendido desarrollo económico y cívico, y que amenaza gravemente con hundirla.