Y A LA TERCERA LA VENCIDA: PROSIGUE EL PLAN CASTRISTA PARA VENEZUELA.

No es que Chávez se presente ante el pueblo de Venezuela, con un proyecto político natural, ni mucho menos propio; sino que se trata de un régimen dictatorial que se le impone a ese pueblo desde la habana, con un una hoja de ruta meticulosamente marcada, para someterlo a un régimen dictatorial análogo al de Castro, calcado al de Castro, exportado por Castro. Un régimen literalmente similar que Castro necesita instaurar en Venezuela como pedestal, como apoyo, como eje para la su mera supervivencia ahora y muy sobre todo, para la supervivencia de su régimen y de su culto personal más allá de su muerte.
Ni más ni menos que de eso se trata y a ello es que se reduce todo. Pero el gran fraude ni siquiera es este plan criminal donde los haya, sino que recae en la manifiesta complicidad ideológica de algunos gobiernos de países occidentales como es el caso de la “España de Zapatero,” y en la sistemática imbecilidad, la cobardía y el desentendimiento de otros, que permiten la impunidad de estos criminales sobre estos pueblos indefensos.
Dice el dicho que “a la tercera ve la vencida;” pero en el caso de los castristas, cuya naturaleza es sobradamente conocida y excepcional para la imposición, si no será a la cuarta, será a la quinta, o a la sexta, o cuando sea; pero será: lo impondrán por encima de todo y de todos. Muy tonto o muy cómplice será todo aquel que crea que el resultado de este “referéndum,” lo mismo que en los intentos anteriores, se ha dejado simple y naturalmente a la voluntad y al parecer de cada uno de los venezolanos. Castro es todo, excepto demócrata, y en lugar de escuchar y menos aún actuar en consecuencia de la opinión de los demás, prefiere una y mil veces obligar a todos a que sigan irremediablemente la suya, lo cual si no se consuma, hace que prefiera una y mil veces aniquilarles físicamente antes de dejar que la naturaleza de las sociedades y menos aún los derechos naturales de sus grupos e individuos sigan su curso natural. Se trata en el fondo de un sencillo y mezquino conflicto de interés, en que por un lado están los derechos naturales de los pueblos y las personas y por el otro el ego patológicamente impositivo de un tirano, de un asesino. A ello se reduce en el fondo.
Ni por asomo a tenido este fraude algún atisbo de consulta popular. Para realizar esta farsa teatral de cara al mundo, la inteligencia castrista ha creado en Venezuela toda una infraestructura de control político y hasta personal, con que controlar, como en el caso de Cuba, todos y cada uno de los movimientos sociales, políticos culturales y hasta personales de la población. No se pasan y seguramente hasta se quedan cortos aquellos que dicen que no existe un régimen de control absoluto similar al de Castro en el mundo y en la historia. Esta tristísima verdad, se está dando ahora como hecho consumado sobre Venezuela. Desde el primer día de la imposición de este plan, y más aún desde siempre, en la historia de la subversión castrista en Venezuela, el departamento América del DGI, obviamente por orden e iniciativa expresa del mismísimo Castro, está trabajando en el seno de todas las instituciones venezolanas y en el seno de la mismísima población, entendiéndose barrio por barrio, casa por casa, hombre por hombre, para que se oficialice la dictadura eterna, incuestionable e inamovible del tiranuelo Hugo Chávez. Los métodos para ello, son los consabidos por todos los cubanos: exclusión laboral de los disidentes al proyecto, persecución personal de los disidentes al proyecto para forzarlos, si no a la incorporación, sí al exilio irremediable; persecución, coacción y amenazas sobre los familiares de todo disidente sin importar siquiera la condición de ancianidad o de niñez; ataque físico y hasta comisión de homicidio sobre disidentes o sobre familiares de disidentes, siempre a través de bandas y mafias criminales aparentemente no relacionadas con la ideología y muy sobre todo aparentemente perseguidas por ésta. Que diremos que vosotros no sepáis. Es el mismísimo perro con el mismísimo collar, que atemoriza día a día al sufridísimo y desgastado pueblo cubano; ese monstruo que quiere inocular toda su rabia y su presencia omnipotente en Venezuela como paso previo a su extensión por toda la América latina.
Ante semejantes prácticas y sobre todo ante el conocimiento de la naturaleza de semejante mal, es que desde aquí y desde muchas páginas del exilio cubano, se ha avisado como un grito desesperado y desoído por esos terceros en posición de impedir semejante crimen de sistema, de que esta farsa de la “consulta de Chávez” no es más que un plan de imposición de la dictadura de Fidel Castro en Venezuela, que terminará imponiéndose si todo aquel en posición de evitarlo y con la responsabilidad de hacerlo, no lo remedia. A fin de cuantas, por ello y sólo por este lamentable abandono, es que se imponen los dictadores sobre los pueblos indefensos.
Lo repetimos por enésima vez: Chávez es un plan castrista de cabo a rabo. Su objetivo es el afianzamiento de una dictadura marxista en Venezuela como inicio de la creación todo un eje ideológicamente similar de poder en la mayoría de los países de América latina. Es la fórmula que ha creado Fidel Castro en su ocaso, para hacer sobrevivir su régimen y su endiosado egocentrismo todo lo más allá de su muerte que pueda, a ser posible eternamente. Es un plan que va incluso mucho más allá de la simple perpetuación de su sistema criminal. Se trata pues de hacerlo trascender el tiempo suficiente como para que oficialmente la historia, no sin la ayuda de todos sus cómplices ideológicos en el mundo y naturalmente de sus adláteres impuestos en la América como el de Venezuela, lo defina para la postrimería como lo que él quiere que lo definan y no como lo que realmente es. Hablamos ni más ni menos que del cierre en la práctica de la “La Historia me Absolverá,” con todo lo cual se pretende obligar a ésta a que lo absuelva.
Vivir para ver.