WILMAN VILLAR, OTRA VÍCTIMA MÁS DE LA SANGRIENTA DICTADURA CASTRISTA.

 

El caso y la verdad entre todas las verdades, es que cuando un pueblo no cuanta con los medios para librarse de sus criminales, es responsabilidad elementalmente moral, política militar y penal de toda la humanidad embarcada en el sistema político global, el facilitar la liberación, el impedir que semejante barbarie perdure tan siquiera un minuto más.

 

 

Esta vez, un joven condenado a cuatro años de prisión, tan solo por protestar pacíficamente ante los desmanes de la tiranía. Estuvo en huelga de hambre para continuar su protesta, más motivado aún por la indecible injusticia que suponía su encarcelamiento y el régimen, como ha hecho en los casos precedentes, le dejó morir.  

 

Otra muerte más, sufrida por un pueblo completamente indefenso y abandonado a su suerte, que a estas alturas, ya no ve el final de ese mal que le asesina día tras día.

 

Un día sí y otro también, la oposición cubana, tanto dentro como fuera de Cuba, viene denunciando a través de las redes sociales las prácticas de persecución criminal y cada uno de los casos concretos, con nombre y apellidos, de las víctimas y los presos que potencialmente pueden ser asesinados por la tiranía. La verdad y la tristeza es que estas denuncias diarias no provocan ninguna reacción en esos gobiernos que, siendo su responsabilidad globalizadora en la extensión y defensa del sistema de derecho en el mundo, y teniendo en sus manos el remedio final para la dictadura de Castro, no mueven ni un dedo permitiendo que éste continúe impunemente su obra criminosa.

 

La mayoría de esos “politiqueros,” que mal dirigen el sistema de derecho en algunos países occidentales, suelen escudarse en esa falacia de que “la solución a la dictadura castrista es sólo un asunto de los cubanos en el cual ellos no se deben meter.” Sin embargo, muy pronto quedan en evidencia cuando los grupos terroristas y antisistemas de izquierda, valga la redundancia, hermanados ideológica e históricamente con la dictadura de Fidel Castro, cometen atentados en su propio suelo. Entonces otro gallo muy diferente canta, pues bien que reclaman la comprensión y el apoyo físico del mundo en la persecución de tales criminales.

 

A decir de los grupos de izquierda que muchas veces llegan incluso a gobernar en esos países más vale ni hablar. Baste decir que ellos de manera más directa, son literalmente cómplices de nuestro mal, ya que suponen la razón misma por la cual existe en Cuba y aún en buena parte del mundo, todas y cada unas de las dictaduras de fundamento marxista.

 

En términos generales Cuba, se ha convertido en esa espina molesta que pone en total evidencia tanto a los políticos demagógicos como a los sencillamente cobardes que tanto propagandizan su apariencia democrática ante el mundo. Si el gobierno en cuestión es de carácter “constitucional,” bufan y prometen represalias que se quedan en nada, mirando final y cobardemente hacia otro lado. Si tal gobierno es de izquierda, ya que decir que no les falta tiempo para justificar al régimen sanguinario y apoyarle a ultranza, definiendo además a la propia víctima con la condición criminal que caracteriza tanto a verdugos como a cómplices.

 

Resulta mofante, morboso, cínico y degenerado, cuando unos y otros dicen que “si la dictadura persiste en Cuba, es porque el pueblo así lo quiere.” Por esta regla de tres y para evidenciar su falacia, también podíamos decir que “si el asesinado ha muerto es porque él finalmente no hizo lo que debía para impedirlo,” o “si a una mujer la han violado ha sido porque finalmente ella así lo quiso.”

 

Sencillamente, las evasivas de ese occidente acomplejado ante los crímenes sanguinarios e impunes de Fidel Castro, dan tanto asco que provocan el vómito en el acto. Más allá de esta reacción natural, la experiencia clama por una política contundente de rechazo a todos estos grupos en una futura Cuba democrática.    

 

El caso y la verdad entre todas las verdades, es que cuando un pueblo no cuanta con los medios para librarse de sus criminales, es responsabilidad elementalmente moral, política, militar y penal de toda la humanidad embarcada en el sistema político global, el facilitar la liberación, el impedir que semejante barbarie perdure tan siquiera un minuto más. En sus manos están todos los recursos para que la dictadura de Fidel Castro desaparezca en el acto y para siempre. Si no lo hacen, es porque ellos y sólo ellos así lo deciden.    

 

Al cierre de este artículo, el Partido Popular en España, de quien la oposición cubana espera grandes pasos en materia de política internacional respecto a Castro, ha salido a la tribuna sólo para hacer una declaración de intenciones sobre cual será su política en esta materia. Ya sabemos como van estos discursos: “Haremos…, no permitiremos..., nos solidarizamos….,” y así un largo etcétera que siempre termina en no hacer ni deshacer nada. Bien fácil le sería ahora al Partido Popular, si quiere hacer algo de verdad, anunciar el cese inmediato de toda relación con el régimen criminal de los hermanos Castro, y promover sanciones y ultimátum desde el seno de la Comunidad Europea.  A fin de cuentas, este partido sabe mejor que nadie que todo trato económico y político con esta tiranía no revierte de ninguna forma humana en la población de Cuba y sí únicamente en el sostenimiento de la dictadura criminal que soporta. Es precisamente por ello que este mal de males ha podido durar tanto tiempo.  

 

 

La conclusión reflexiva:

Cuando Castro mata, no asesina a hombres, sino que asesina a Cuba, a todo el pueblo, a la nación. A ello se debe la definición del tirano como “Tirano entre los Tiranos,” como “Asesino entre los Asesinos,” como “Cobarde sin igual en el mundo y en la historia.” Semejante “gloria” se debe a que nunca ha ejecutado sus crímenes como resultado de un enfrentamiento más o menos justo, sino siempre sobre personas inocentes e indefensas, siempre sobre un pueblo completamente confinado, olvidado y abandonado por un mundo que permite a este sátrapa continuar su crimen sin límites, con absoluta impunidad. Es por ello que nosotros, en el poscastrismo, tendremos la palabra y haremos la única política posible contra éste y contra todos los asesinos de Cuba.