NADA NI NADIE PUEDE CAMBIAR EL DESTINO FINAL DE LIBERTAD DEL HOMBRE EN LA SOCIEDAD MODERNA.

 

 

La enferma mente criminal de estos dictadores.

 

Los pueblos siempre se revelan contra las dictaduras. Tarde o temprano siempre lo hacen. Es una ley natural. Nada ni nadie puede cambiar el destino final de libertad del hombre en la sociedad moderna. Toda revolución tecnológica trae profundos cambios sociales. Ahí tenemos, como uno de los precedentes más señalados, a la revolución industrial y el surgimiento del liberalismo y un sistema de capital que ha dado paso progresivo y natural a la actual sociedad democrática o de derecho. Ahora, ente la revolución tecnológica de la comunicación que define este momento histórico en que vivimos, los cambios sociales no serán menos espectaculares. Ya estamos viviendo la prueba de ello.     

 

 

En consecuencia, el mundo dictatorial islámico se deshace. Es inevitable. Es el final que le señala la ley natural que rige a la sociedad humana. No hay otro camino. Todos los dictadores terminan cayendo. Uno de los dictadores más sanguinario, más extremo, uno de los peores males que ha sufrido un pueblo, está en estos momentos acorralado en Libia, víctima de su propia obra infame. Este tirano sin piedad ni razón ni sentimiento de ninguna clase, presenta un cuadro clínico-psiquiátrico literalmente igual al de Fidel Castro en Cuba. Ambos, “primero ahogará en sangre al pueblo antes de soltar el poder.” Ambos,  a sabiendas de que perderán el poder irremediablemente, prefieren matar a todo aquello que le cercene sus privilegios. No es un caso extraño en la conducta de estos dictadores, sino que supone una sencilla regla de tres entre los objetivos por los cuales le hacen la guerra de sistema a occidente y los objetivos por los cuales prefrieren que el país se hunda en sangre entes de acabar con sus dictaduras.