El terremoto de Haití
Se dice que las grandes catástrofes, como paradigma de los momentos extremadamente duros y difíciles, vienen a sacar tanto lo mejor como lo peor de la naturaleza humana. Ante ellos, se sabe quién es cada cual con absoluta certeza. No en vano se dice esa frase muy común de “sabrás quien es tu amigo y quien es sincero en los momentos difíciles, cuando tengas un problema, y cuanto más extremas sean, más lo sabrás.”
Por tanto, son en estas situaciones cuando se comprueba, más allá del palabrerío político y de los disfraces de la demagogia, qué personaje, partido político o gobierno, es verdaderamente consecuente con su jerga profesional, esa que expelen a diario en las televisiones, básicamente para prestidigitar sobre esa maleable mente social embaucada, hipnotizada.
Como antes se coge a un mentiroso que a un cojo, el incomparable terremoto de Haití ha venido desmontar como nada todas esas apariencias políticas y a mostrarnos, una vez más, el discurso fraudulento y la naturaleza ultra demagógica de toda la izquierda española, fundamentalmente de su grupo abanderado que usurpa el gobierno de España por los atentados de Madrid, y desde entonces gracias a esta negra cualidad de mentir, de confundir, de aparentar, mientras la cruda realidad es que hacen justamente lo contrario de lo que dicen.
Y he aquí que ante el terremoto, los Estados Unidos de América, ese país “referentemente criminal” y “paradigma del mal” en el dogma ideológico de todas las izquierdas, han abierto desde el primer día de la desgracia una línea de ayuda económica y hasta han enviado al ejército en verídica misión de asistencia humanitaria.
En cambio Zapatero, que se jacta de ser y de pertenecer a la “única ideología extrema del bien en el planeta y en la historia; ese que envía tropas españolas a las guerras sólo para contentar a Obama mientras las define o disfraza como “simples misiones de paz” ocultando los actos de guerra en que mueren los soldados; ese Zapatero que sólo en el “cavernoso gotelé de Barceló se gastó 30 millones de euros del contribuyente tan sólo para sentirse iluminado cuando pronuncia su preferido discurso de ser él el luchador contra la pobreza, contra el hambre, y contra todas las desgracias del tercer mundo; ese mismo sujeto que señala y culpa a Estados Unidos como el culpable y causante de las desgracias de ese mundo básicamente antisistema al que él ideológicamente representa; pues ese Zapatero a estas alturas no ha metido la mano en el bolsillo para ofrecer a Haití siquiera asistencia médica. En su lugar, ha vociferado la infinita promesa que contenta a hipnotiza a los tontos mientras da la orden de recaudar directa y expresamente del bolsillo del ciudadano, única y exclusivamente a través de la iniciativa social y apoyándose, como no podía ser de otra manera, en las ONGs españolas. O sea, que muchas palabras y ni un solo duro. Cero patatero, Cero Zapatero.
He aquí un ejemplo formidable y concluyente, de cómo el terremoto de Haití ha venido a desenmascarar a los farsantes y a desmontar, a poner en evidencia la ideología ultra demagógica que disfraza a las izquierdas en el mundo y fundamentalmente en España, de lo que no son, de lo que no serán jamás.
Fundamentalmente, los momentos así, ponen en claro quien es cada cual de verdad.