“TRAIDORES, CULPABLES, CÓMPLICES ”   

 

Son traidores a España, lo son especialmente y a diferencia de sus hermanos ideológicamente históricos, sobre todo y en el caso que nos merece, de la ETA, porque se autodefinen, se camuflan, expelen constantemente, a modo de disfraz, un discurso claramente demagógico con el que su naturaleza y sus acciones no guardan ni la más casual de las relaciones. O sea, nos mienten concientemente con el propósito de manipularnos y de lograr justamente lo contrario a lo que dicen, a lo que creemos y queremos. Lo son porque encubren sus verdaderas intenciones; lo han hecho desde siempre y en todo momento y eso, simple, llana y literalmente, los hace ser un fraude, los hace ser literalmente traidores. Traidores a España, traidores al sistema de derecho contra el cual hurgan cobarde, subversiva, encubierta y denodadamente en su seno para descarrilar su curso libertario en cuyo futuro o destino ellos simplemente desaparecerían. Lo saben perfectamente y por ello hacen la guerra de siempre, más sucia y fanática que nunca, camuflándose entre nosotros. Por ello son simple y literalmente traidores, altamente traidores a todos nosotros, al pueblo de España, a la nación española, a la libertad y a los derechos del hombre cuya simple y elemental aplicación hace simple y elementalmente imposible las “calidades” del poder que ellos persiguen, que ellos siempre han perseguido. Todo se reduce simplemente a eso, sólo que partiendo de semejante conflicto universal tan pendiente a resolver por la propia evolución de nuestro sistema, la acción de ellos como principales enemigos y de todos sus cómplices, por impedirlo, ha rebasado todo ejemplo de delito, crimen y traición en toda la historia de nuestra España.

 

Y ahora, ante las pruebas que suponen las revelaciones que hace la ETA en su diario “Gara,” que alguien se atreva a acusarnos de infundios y especulaciones.

 

Nos reafirmamos en todo cuanto hemos dicho en esta página, desde que ocurrieron los atentados del 11 de Marzo: El peor enemigo histórico de España y muy sobre todo de este escuálido estado de derecho que intentamos instaurar aquí, no es la ETA ni la constelación de grupos rabiosa y fanáticamente antisistemas; no lo son, ni siquiera, los enésimos grupos que en el mundo, matemáticamente en pos de esos invariables objetivos comunes, hacen la guerra de sistemas contra occidente. La principal causa de nuestro mal, de nuestra indefensión, está en ese poderoso grupo de imposición que nunca, jamás, ha tenido el menor de los escrúpulos para hacer criminosamente en nuestro seno, en conciente alianza con los anteriores tanto dentro como fuera de España, en pos de sus invariables e irrenunciables objetivos históricos de poder.

 

El PSOE es simple y llanamente lo que ha sido siempre: un partido totalitario, disfrazado, como lo han estado históricamente todos sus semejantes en el mundo, de una propaganda extrema del bien, que marca en todo momento ese discurso cínicamente demagógico y falsamente libertario con que embaucan al hombre atrapado ideológicamente en las masas para utilizarle en pos de sus irrenunciables objetivos de poder. El PSOE es simplemente eso, y es la razón expresa que le hace obrar, entre otras cosas y en relación a los hechos, como un abyecto y consciente cómplice de la ETA. Lo es sin duda tácita y penalmente probado, y la salvación que ha hecho de ésta, de su casi rotunda fulminación policial y política en el momento de los atentados de Madrid, se debe a la imperiosa necesidad que tiene hoy más que nunca de ésta y de todo grupo antisistema en posición estratégica dentro de él. Los necesita imperiosamente hoy más que nunca, ante al avance experimentado del estado de derecho en España que supone para éstos ni más ni menos que la imposibilidad de lograr sus inalterables objetivos históricos de un sistema centralizado, seguro, eterno, inamovible e incuestionable, por el cual y en pos del cual ellos hicieron la guerra civil, por el cual y en pos del cual ellos impiden la instauración en España de nuestra manifiesta voluntad.  

 

Como veis, no se trata de una simple cuestión política. Se trata de una probada y excepcionalmente grave, sin comparación alguna, cuestión criminal, penalmente hablando.

 

Lo decimos y nos reafirmamos, y como todos los españoles de bien, estamos a la espera de la acción de esa justicia omitida, hasta ahora inerte y ajena, e incluso contradictoriamente favorable a tales desmanes, precisamente por la penetración que en ella han practicado a conciencia estos enemigos del sistema. Estamos a la espera que nuestro sistema despierte y ubique a los delincuentes, a los criminales y a todos sus cómplices donde únicamente deben estar desde siempre y por siempre. Estamos a la espera de esa reacción soñada, de nuestro primitivo estado de derecho, a través de su máximo órgano constitucional, esperanzados de que rompa de una vez la ignominiosa ambigüedad que le han impuesto y cargue, con todo el peso estricto y moral de su ley, que les otorga además nuestra manifiesta voluntad del 78, de manera contundente e implacable, contra sus enemigos, contra todos nuestros enemigos.