El agente asesinado por ETA en Álava murió cuando avisaba sobre la furgoneta

Juan Manuel Piñuel Villalón –el agente asesinado por ETA de 41 años, casado y con un hijo– se encontraba hablando con la central operativa de servicios de la Guardia Civil, alertando de que había una furgoneta estacionada fuera de la casa-cuartel de Legutiano (Álava), cuando estalló el explosivo y se cortó la comunicación. Según ha informado el Hospital de Txagorritxu a Libertad Digital, uno de los cuatro agentes heridos se encuentra en la UCI aunque su vida no corre peligro. Según el dirigente del PP Santiago Abascal, presente en el lugar de los hechos, los daños son muy numerosos. "ETA son vulgares ratas asesinas", ha recalcado. Rubalcaba ya ha visitado el lugar de los hechos y comparecerá en la Delegación del Gobierno.

L D (Agencias) Juan Manuel Piñuel se encontraba en el interior del pequeño edificio de vigilancia anexo al cuartel y, al advertir la presencia del vehículo, procedió a comunicar la existencia de una furgoneta sospechosa, así como que un guardia civil había salido a identificarla. En ese momento, se produjo la explosión y se cortó la comunicación.

 

El atentado ocurrió minutos antes de las 3:00, sin que los terroristas avisaran previamente. Los terroristas estacionaron el vehículo, una furgoneta Citroën Berlingo, a unos metros del edificio de tres plantas que quedó prácticamente derruido. Un caserío cercano se ha visto seriamente dañado y la deflagración afectó también a algunas viviendas unifamiliares de la zona. Según los destrozos causados y la situación del vehículo, los terroristas habrían utilizado un potente explosivo. En el lugar de la explosión se ha producido un cráter de varios metros y apenas hay restos de la furgoneta empleada en el atentado.

 

Piñuel quedó enterrado entre los escombros junto a otro compañero, un sargento, al que los bomberos lograron rescatar con vida. Los cuatro heridos, dos hombres y dos mujeres, de edades comprendidas entre los 35 y los 41 años, fueron hospitalizados en los centros de Txagorritxu y Santiago, en Vitoria, a 20 kilómetros de Legutiano, y no se teme por la vida de ninguno de ellos. Una de las lesionadas ya ha sido dada de alta.

 

La Ertzaintza, que procedió a acordonar la zona en un perímetro de unos dos kilómetros, encontró abandonado en el alto de Urquiola, en Vizcaya, un turismo Peugeot 306, que fue inspeccionado por artificieros de la policía autonómica, ante la posibilidad de que hubiera sido utilizado por los autores del atentado. El vehículo disponía de un dispositivo incendiario que no llegó a estallar, que incluía una garrafa de gasolina.

 

Una de las mujeres heridas es la esposa del sargento de la Guardia Civil herido en Legutiano que tuvo que ser rescatado de los escombros, José Javier Cabrizo Fernández, de 41 años de edad. El guardia civil fallecido estuvo descansando en su casa durante 72 horas y este martes hizo su primer servicio. "Venía de ver a su familia y ha fallecido", lamentaron las fuentes.

 

Unas 14 ó 15 familias, con niños pequeños, residían en la casa cuartel de Legutiano. Tras la fuerte explosión alrededor de 40 personas fueron desalojadas de las instalaciones, que quedaron prácticamente derruidas. Las familias desalojadas han sido desplazadas al acuartelamiento de Araca, en Vitoria.

 

Una de las personas que se encuentran en el lugar de los hechos es Xavier Aguirre, diputado general de Álava, el mismo que hace dos años se negó a votar a favor de una moción de agradecimiento a la Guardia Civil –presentada por el PP– por haber rescatado a más de 400 montañeros vascos. Entonces justificó su decisión señalando que en la Benemérita "hay grupos y personas concretas que se han dedicado a la tortura, los golpes de Estado, el contrabando de drogas, las mordidas o el secuestro de olentzeros (carbonero que en la inventada mitología vasca trae regalos a los niños pequeños por Navidad)". Además, también criticó a la Ertzaintza en marzo de 2006 por cargar contra un grupo de proetarras que se manifestaba por las calles de Vitoria homenajeando a dos terroristas de ETA que habían muerto en la cárcel. Aguirre llegó a definir aquella intervención de la Policía vasca como "contundente y desproporcionada".

 

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