“LO QUE QUIERE EL PUEBLO DE ESPAÑA.”

 

         El pueblo de España quiere, ante todo, vivir en paz; esa paz que nunca jamás ha tenido y que tan criminosamente le han arrebatado en los años incluso de su más noble proyecto: la democracia.

 

         Muy por supuesto que el pueblo de España quiera la fulminante  desaparición del terrorismo, y sabe además, muy perfectamente, que para que semejante desaparición sea real y sobre todo irreversible, también tiene que desaparecer para siempre del actual panorama sociopolítico todos los grupos antisistemas que tan fanáticamente trabajan día a día por derogar el sistema de derecho desde dentro, desde las mismísimas entrañas del país. Por tanto, el pueblo de España quiera la fulminante y de ser posible mágica desaparición de todos aquellos y todo aquello que hace imposible la aplicación del sistema de derecho.

 

         El pueblo de España quiere que su constitución sea cuanto menos aplicada de verdad, y que deje de ser lo que simplemente es hoy por hoy: una mera propaganda política, demagógica en la boca de todos esos grupos de poder que, encumbrados en una jerarquía impuesta a la sociedad, emanadora de inconfesables privilegios y provocadora de un divorcio funcional absoluto con las bases sociales, hacen y deshacen en las instituciones del estado exclusivamente en pos de sus intereses políticos, los cuales, alejados del término, suponen en ellos simple y llanamente la procura sus intereses económicos particulares.

 

         Por tanto, el pueblo de España quiere rescatar, o quizás crear, la figura de un político cuya razón de ser sea única y exclusivamente cívica, lo cual, en la actual forma de aplicación del sistema es sencilla y llanamente imposible.

 

         El pueblo de España quiere lograr cuanto menos y en estos tiempos una cultura de la honestidad política, sobre la base exclusiva de un concepto ideológico del estado de derecho, a partir de la cual pueda emprender la natural y anheladísima evolución del sistema no sólo en la aplicación real de sus conceptos actuales, sino en una empírica participación del hombre de base en el funcionamiento de éste, que vaya desde una simple decisión local, hasta la aprobación de la más importante ley de carácter nacional.

 

         El pueblo de España quiere caminar ya hacia la única evolución posible e inevitable del sistema de derecho en el mundo.  

 

         Por demás, y para que no quede sin señalar aquí, el pueblo de España quiere la inmediata liberalización del suelo como el inicio de la única política social posible que solucione el grave conflicto de la vivienda, instaurado precisamente sobre sendas incongruencias constitucionales.

 

         El pueblo de España quiere que la política educacional no sea competencia del gobierno de turno y que su evolución esté liberada por ley y por función, de toda influencia ideológica.

 

         El pueblo de España quiere que se le consulte y por tanto que su voz determine la conformación y el destino de las partidas presupuestarias emisibles de todas las administraciones.

 

         El pueblo de España quiere una fuerte depuración estructural y funcional de la seguridad social, junto a un significativo aumento de las partidas presupuestarias hacia ésta, en el marco de un dinámico mecanismo de políticas y cargos, dependientes y a merced de su voluntad sistemáticamente consultada.

 

         El pueblo de España quiere que no se apruebe ni una sola ley en su país sin su previo y claro consentimiento.

 

         El pueblo de España quiere la prohibición por ley y la exclusión inmediata de la carrera judicial de todo aquel funcionario cuya acción en el mundo jurídico esté determinada por un determinado grupo político e ideológico.

 

         El pueblo de España no sólo quiere una rotunda reforma en todos los poderes y administraciones del estado, sino que quiere un absoluto cambio en el concepto y la función de los poderes políticos, de modo que su estabilidad y mejora constante sea un hecho en detrimento de la estabilidad de un determinado grupo en ejercicio de poder.

 

         El pueblo de España quiere que su voz sea la única autorización posible para que un determinado gobierno suyo pueda emprender cualquier acción en consecuencia, tanto dentro como fuera de España.