“POR NUESTROS HIJOS”
Nuestros hijos son el máximo motivo, el fundamento, el por qué de todos los por qué, por el cual estamos obligados como pueblo a derogar fulminantemente al castrismo, no sólo físicamente de nuestra tierra, sino memorialmente de la faz de la tierra.
Para los castristas, nuestros hijos son ni más ni menos que el caldo de cultivo que les otorgará en un futuro, un estadío superior a la simple y vergonzosa permanencia en los progresivos panoramas políticos cubanos que vendrán convulsamente tras la llamada transición.
Nosotros como generación, tenemos el alma y la razón inevitablemente hipotecada por las secuelas de semejante represión. Algunos cubanos, en las bases sociales, no son conscientes de este fenómeno que determina y determinará su vida hasta el fin de ésta. Lo cual, sociológicamente tendrá un inevitable efecto de transmisión generacional, que trasladará, sin duda alguna, nuestras miserias al futuro cubano.
El único modo de impedir que sobre viva semejante mal, es fulminar al castrismo no sólo en su derogación física y en la rotunda exclusión de cualquier frente de la futura vida sociopolítica cubana, sino identificando cualquier memoria de éste en el mundo entero con su más descarnada y real naturaleza: la de la represión cobardemente sin límites y la indignidad moral que se esconde tras su propaganda.
Precisamente el castrismo intentará trascender en la historia, en el mundo, con toda la literatura de esta propaganda; pero quedará únicamente de nosotros, no sólo mostrar sino hacer reconocer al mundo, que esta no es más que un disfraz y que la única realidad del castrismo es la criminosidad sin límites que se esconde tras su discurso.
¿ Cómo lo lograremos? Pues haciendo que los futuros gobiernos cubanos trabajen sin descanso hasta conseguir una sentencia de condena firme de todos y cada uno de los países occidentales y de todas y cada unas de las organizaciones internacionales que conserven, en esta gran guerra entre sistemas, un mínimo de dignidad y respeto por el derecho de los hombres a la libertad.
Sólo así salvaremos a nuestros hijos cubanos de semejante mal; sólo así arrancaremos semejante mal, de raíz, de nuestra alma.